Hace unos días en nuestro podcast, Robot, hacíamos una lista de nuestros productos Apple favoritos. Las listas de los 4 co-hosts eran variadas, pero coincidimos en una cosa: cada uno de esos objetos de nuestra lista nos emocionaron, nos llenaron de pasión, queríamos tenerlos y en muchos de los casos, los tuvimos (o los tenemos).
Hablábamos de seis hitos que nos emocionaron, (probablemente hayan más en la historia de Apple y de la computación personal, pero hablamos de estos): el lanzamiento del Apple II, la Mac original, el iMac con el regreso de Jobs a la empresa, el iPod, iPhone y el iPad. El Watch, por ejemplo, fue un anunció que nos emocionó muchísimo, nos levantamos de madrugada para reservar uno, esperamos ansiosamente su llegada, hicimos el unboxing, y la emoción no nos duró mucho. Es un buen producto, sin duda, sólido, confiable, bien diseñado, útil…pero no es emocionante.
Para cada uno de los seis hitos anteriores tuvimos una historia, una anécdota, que incluía emoción, expectativa, pasión por ese objeto “inanimado”. Hablamos de que la Mac original fue un cambio total en cómo veíamos las computadoras, la manera de relacionarnos con ellas a través de su interface, incluso la emoción que significaba usarla hasta para escribir una carta. La aparición del iMac fue un momento en el que se le inyectó vida a la empresa, una empresa que hemos estado escuchando desde hace más de 30 años que “está quebrada”, que está equivocada, y que siempre ha contado con la fidelidad de millones de fanáticos que aun cuando era una empresa con pérdidas, usábamos Mac.
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Ahora es la empresa mejor valorada del mundo, se ha mantenido 13 Qs subiendo, pero justo esta semana presentaron los resultados del Q1 de 2016, que indican que por primera vez en mucho tiempo, no superaron sus expectativas (Apple siempre hace un estimado de las ganancias y se va por arriba, esta vez acertó y quedó dentro del rango). Y es que acostumbrados a verla crecer, a verla ofrecernos cosas nuevas y deslumbrantes, cosas emocionantes, nos desilusiona ver que simplemente se están haciendo las cosas “correctas”, “según el plan”: ni es emocionante para nosotros, ni es emocionante para el mercado, que castiga su valoración en bolsa y sus ventas.
Grabando el podcast comentábamos que en los últimos keynote no ha habido un anuncio espectacular al final, como acostumbraba Jobs con sus “one more thing”, y eso decepciona porque lo estabas esperando. Por muy raro que suene ¡estábamos esperando la sorpresa!.
Apple no está quebrada, (sigue siendo la empresa mejor valorada del mundo y tienen ganancias envidiables), tampoco es “el inicio del final”, pero probablemente sea el momento de experimentar, de inventar, de ser diferentes de nuevo, (algo que es muy complicado cuando se maneja una empresa tan grande), algo que nos haga enamorarnos una vez más de la empresa disruptiva, diferente, que quiere cambiar el status quo haciendo productos distintos y sencillos de usar, con un diseño exquisito: que nos emocionen.
 

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