No, no estoy hablando de un artículo del descubridor de América. Me refiero al otro. El tubo que forma parte de nuestro sistema digestivo. El que se le irrita a tanta gente. El que es muy muy feo por dentro.
Pero estoy empezando el artículo como las primeras películas de Iñárritu y corro el riesgo de que no me entiendan nada. Así que recapitulo:
Estaba yo navegando tranquilamente por la web, cuando vi la referencia a una nota sobre el lanzamiento de un reloj muy naranja y muy bonito. De los caros. Y di click a ver si habían más detalles del reloj. Lo normal.
Lo que no fue normal es que al abrir la nota, justo abajo del hermoso reloj me encontré otra foto del horripilante interior de un colon, lleno de repugnante materia de desecho amarilla y purulenta. ¿Por qué?
Ya revuelto, leo un texto junto a la foto, para completar el asco: LIMPIA TU COLON Y LIBERA 1 Kg. DE MATERIA DE DESECHO EN 5 DÍAS.
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Soy publicista. Vivo de los anuncios. Pero no lograba entender éste. ¿Por qué ahí? ¿Por qué tan asqueroso? ¿Qué tenía que ver el colon con los relojes de diseño? ¿A qué respondía esa pauta?¿Cuál era el sentido de la oportunidad de los que estaban detrás?
Es en estas circunstancias de usuario común en las que comprendo por qué hay gente que lo mira a uno con malos ojos cuando dice que se dedica a la publicidad. Porque nos ven como unos atorrantes, irrespetuosos, que nos dedicamos a interrumpir a todo el que se está divirtiendo para obligarlo a ver, en la mayoría de los casos, piezas de comunicación irrelevantes u horrendas que nadie pidió.
Y es en estos casos que uno entiende que otras personas, hartas de tanto abuso, se dediquen a programar aplicaciones para bloquear la publicidad de toda las páginas web. Como siempre sucede desde que el hombre apareció sobre la bolita de planeta que habitamos, pagan justos por pecadores. Porque, es cierto, la publicidad es la que permite que vivan esas páginas maravillosas que nos encanta visitar para deleitarnos con sus contenidos. La publicidad es la que permite que sean gratis para todos los mortales. Pero el abuso de ciertos publicistas y marcas hacen que la mayoría nos detesten antes de abrir siquiera la boca. Un puño de malos profesionales logra que la gente vea cualquier publicidad como una posible amenaza a su intelecto, a sus ojos, a su sentido del buen gusto y a su poco tiempo libre.
Los banners intrusivos que te tapan lo que lees, los que disparan audio sin permiso y nos mantienen minutos buscando en el navegador dónde acallar la horrenda música y las desafortunadas fotos de un colon con desechos son los responsables de que existan los adblocks y que tanta gente los instale para terror de la industria publicitaria. Y será un círculo vicioso que no lo detendrán con triquiñuelas legales sino respetando al consumidor y comunicándose con él de manera relevante, divertida, diferente y respetuosa de su público.
Por esto es tan relevante el auge del contenido de calidad para marcas. Es el salvavidas de esta industria en decadencia y transformación.

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