Advertencia: no soy un crítico de cine. Me gusta el cine, me gusta la televisión, soy un apasionado del cine como arte, y también como expresión de la cultura pop. Lo que si soy es uno de tantos fanáticos de los comics de Hellboy, ese personaje creado en 1993 por Mike Mignola para el sello Legends de la editorial Dark Horse. Como fan, por supuesto que me encantaron las dos películas dirigidas por Guillermo del Toro (uno de mis directores favoritos también), Hellboy, en 2004 y Hellboy 2: El ejército dorado, en 2008, en donde Ron Perlman protagonizaba como este demonio (Anung-Un-Rama) que fue traído a la tierra por unos nazis ocultistas que buscaban conseguir un poder supremo que le diera la victoria al Tercer Reich (y al final no lo consiguieron porque este pequeño demonio cayó en manos de los soldados norteamericanos).

Hellboy es un demonio, pero con características humanas, especialmente con mañas y costumbres humanas, y al menos en las primeras dos películas nos parecían muy simpáticas: fuma un habano, toma, y es fanático de las barras de chocolate Baby Ruth (otras de mis favoritas, así que ¿cómo no ser fan de este personaje?).

En fin, toda la historia y puesta en escena de esas dos películas fue tan buena, que es de esas cosas que han “envejecido muy bien”, porque pueden hacer la prueba, vean una de las películas o inclusive un mini-maratón de las dos seguidas, 10 y 15 años después, y sigue siendo entretenida, divertida, de culto.

El reboot, Hellboy: Rise of the Blood Queen.

En 2014, el creador de Hellboy comenzó a trabajar en la historia para una nueva película, que se suponía iba a ser una secuela de las dos ya existentes, y de hecho dirigida por el mismo Guillermo Del Toro, pero éste declino, puesto que quería dirigir su propio guión para Hellboy III. Luego, y como era de esperarse, Ron Perlman declinó de participar sin la dirección de Del Toro, y fue cuando se unió al proyecto Neil Marshall, y se decidió que esta nueva película iba a ser un reinicio de la saga, Hellboy: Rise of the Blood Queen.

Fui a verla con mucha emoción, con un Baby Ruth en el bolsillo, y la verdad fue una decepción, una gran decepción. Y me explico, tratando de no dedicarle más tiempo que a los párrafos de arriba: la violencia, exagerada, hay escenas tan escatológicas como innecesarias, que solamente sirvieron para que subiera la clasificación de la censura de la película. Si a las primeras llevaste a tus hijos, a esta no pueden entrar si son menores de 16 años. La ejecución de la historia, muy mal llevada, rebuscada, y probablemente la falta de un mejor control de calidad en los efectos ayudó mucho a darme esa impresión: a veces el CGI no se distinguía de la realidad, (que es lo ideal), pero a veces parecía un efecto de espejos de feria, especialmente en esas innecesarias escenas donde la “Medium” (Alice Monaghan, una irlandesa que descubre que tiene algunas habilidades mágicas luego de que fuera secuestrada por unas hadas cuando era una bebé, interpretada por Sasha Lane), traía a la vida a algunos personajes ya fallecidos, a través de una especie de espíritu de esa persona que salía de su boca, formado con saliva (si, escatológico).

La actuación de David Harbour (Stranger Things) como Hellboy es lo único que se salva, (porque por ejemplo  Milla Jovovich haciendo de Minue, “una bruja medieval británica que trata de destruir a la humanidad” es realmente terrible), y aun así, el Hellboy de Ron Perlman es superior en todos los sentidos.

Como fanático de Hellboy debo decir que por un lado sentía emoción porque la “franquicia” continuara, aunque no fuera con esa idea que tenía Del Toro de una tercera película que cerrara de alguna forma la historia de los otras dos, y entiendo que entre esas primeras dos “solamente” se recaudaron unos 260 millones de dólares, por lo que no había mucho que hacer para vender la idea de una tercera que seguramente iba a ser muchísimo más costosa. Pero luego de ir a ver este reboot, Hellboy: Rise of the Blood Queen, quedo con una desilusión muy grande, porque me quitaron la ilusión y las ganas de ir a ver una cuarta entrega. A mí y a un montón de fanáticos más, puesto que en su primer fin de semana apenas recaudó 12 millones de los modestos 20 que se esperaban, y aun así me parece muchísimo dinero recaudado para una película que en realidad no tiene ninguna gracia en su guión, ni en su ejecución, ni en nada.

Regresaré a los comics, sin duda.

 

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