Hay una discusión sobre Internet y los contenidos digitales que lleva muchos años en el tapete: El asunto de los derechos de autor y la piratería. Si escuchas a buena parte de la industria cinematográfica española, por ejemplo, hablar del tema, lloran amargamente por la piratería indiscriminada en la red. Para muchos de ellos el único problema que enfrentan no es sobre la calidad de las películas, ni de los guiones, ni de producción. Su único mal son todos los internautas, descritos como una horda zombie de ladrones descargando contenido de las redes más por el placer de robar que por el interés de acceder a los contenidos que más les interesan.

No es un problema solo de España. Es a nivel mundial. Ha habido agrias discusiones y fuertes peleas por legislaciones que criminalizan la piratería o que legalizan la persecución de quienes descargan contenido gratis protegido por derechos de autor.

Pero les tengo a todos una buena noticia. Si la oyeran. Porque el bando protector de los derechos de los internautas sostiene que la solución no pasa por la criminalización ni la persecución de las descargas ilegales, sino por la toma de conciencia de los productores de contenidos en el sentido de buscar nuevas formas de ofrecer su producto, más convenientes y a precios razonables. En ese momento, la mayoría de los internautas, que son gente normal y no delincuentes enfermizos, tomarán el camino más sensato: descargar el contenido que quieren de la manera más sencilla y si es a un precio razonable, legal. Lo que el internauta busca no es robar por robar, sino comodidad. Así de sencillo. Y es algo que Netflix, por poner un ejemplo, entendió muy bien.

La “buena” noticia es que hay un lugar en el planeta con las condiciones para ser un perfecto experimento de laboratorio sobre este asunto. Yo estoy en ese lugar, se llama Venezuela.

Venezuela se ha convertido en la Meca de la piratería. Los DVD y BlueRay ilegales no se venden en la calle, sino en locales comerciales alquilados formalmente. Es tanto el descaro, que compras tus películas y series y te pueden dar una factura para deducir tu compra de impuestos. Todos descargamos contenidos ilegales. El 99% del software que se usa es ilegal. Sí, las empresas también. No hay ningún control o freno a la piratería (incluso el gobierno es pirata, pero ese es otro tema).

¿Y saben por qué es así? No es porque nos gusta delinquir. Esta es la razón:

  • -El país tiene el ancho de banda más “angosto” de la región. Cuba tiene mejor internet que nosotros, para que entiendan.
  • -Los dólares están restringidos, absurdamente caros y las tarjetas de crédito del país no funcionan fuera de las fronteras salvo que hagas largos trámites y te “activen” una cantidad para gastos en dólares (trámite que no se puede hacer desde hace un par de años).
  • -Si quieres bajar una App para tu celular que no sea gratis, debes tener una tarjeta de crédito de un banco extranjero con tus ahorros en dólares y hacerlo vía ese recurso.
  • -Los sueldos son tan ridículos al convertirlos a dólares por culpa de la devaluación de la moneda que comprar un licencia de Adobe puede costar algunos años de trabajo.
  • -En estos días hay crisis eléctrica y los Centros Comerciales tienen horario límitado, lo que significa que, salvo sábados y domingos, no puedes ir al cine después de las 7:00 pm

Así que, amigos, ganan los defensores de los internautas. Si la gente puede pagar por un contenido y el precio es accesible y el proceso es sencillo, lo hará con gusto. Si no, buscará el contenido de la manera que pueda, así sea ilegal. Se los digo yo, que muero por darle mi dinero a Netflix, pero no puedo.