En abril del 2014 Venezuela ardía por los cuatro costados. Habían fuertes protestas en las calles y una más fuerte respuesta represiva y violenta de parte del gobierno “revolucionario”. El primer día que las protestas llegaron a la capital, hubo muertos. Asesinados, porque no murieron en algún accidente provocado por los desórdenes. El 3 de ese mes vi en las redes sociales unas imágenes que me llenaron de indignación. Un joven, en la Universidad Central de Venezuela, desnudo, tapándose como podía el pubis con las manos. Serio. Los hombros encogidos de vergüenza. Atrás un grupo de tipos encapuchados, con cascos de moto y franelas que los identificaban como afectos al gobierno. Entraron en la Universidad y golpearon a varios estudiantes por pensar diferente y los desnudaron. Les quitaron sus pertenencias y tuvieron que escapar y llegar a sus casas así, desnudos, como bien pudieron.

Me ofendió lo que les hicieron. Ese intento de avergonzarlos por pensar distinto. Y más me dolió pensar en que ellos, los desnudados, luego del trauma, los golpes y la vergüenza; llegarían por fin a sus casas, dirían que la pesadilla había terminado y al abrir sus redes se verían decenas, miles de veces, inmortalizados en su vergüenza y desnudez sin que nadie les hubiera pedido permiso. La vergüenza no sólo no había terminado, sino que apenas empezaba.

Si tú te desnudas en internet, pues muy tu problema. Cada quién ¿no? Pero que aparezcas así ahí, solo, porque te atacaron y te fotografiaron me pareció muy humillante. Mi pensamiento fue: “me gustaría decirle a él, a ellos, que los acompañaría gustoso y que no tienen nada de qué avergonzarse. Que los que deberían sentir vergüenza son los que le hicieron eso. Y que a esos atacantes habría que enseñarles que estaban muy equivocados”. Y entonces se me ocurrió que esa era la vía, que había que acompañarlos. Que debía tomarme una foto en la misma situación (desnudo, serio, tapándome lo que pudiera con las manos) y subirla a las redes para acompañarlos. Así nació la campaña #MejorDesnudosQue.

Le dije a mi esposa que me tomara la foto y le expliqué. Me dijo que si no era un poco loco eso y que lo pensara. Que le parecía bien pero que lo pensara. Y menos mal que le hice caso, porque la acción pasó de: ¿qué le pasa a este loco nudista? A lo que fue. Decidí que, si en vez de actuar yo solo, unía a un grupo de gente dispuesta a mandar el mismo mensaje, desarrollaba un buen hashtag y establecía una estrategia el impacto sería mayor. Y lo fue. Reuní 16 fotos de amigos de la agencia donde trabajaba (tomadas con mi iPhone) en el mismo fondo (la sala de reuniones de la agencia) y la lista de sus cuentas de Twitter. Usamos ese hashtag por una razón que nos parecía poderosa: se podía personalizar, podías hacerlo tuyo: #MejorDesnudosQue “amedrentados”, por ejemplo, o #MejorDesnudosQue “mal vestidos” si te querías hacer el gracioso.

Los datos del viernes 04 a las 9:35pm al SABADO 05 a las 2:30pm fueron: 4.840.011Impresiones. 2.826.281 de Alcance. Más de 300 personas nos acompañaron con sus propias fotos, además de compartir las iniciales. Decenas de entrevistas y cientos de medios del mundo cubrieron la acción, entre ellos Mashable, Foreign Policy, El País de España, Le Fígaro y Al Jazheera.

No se repitieron ataques de ese tipo. Aprendí mucho. Y sé que no sé nada.