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Netflix/Blim. Ser y parecer.
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Netflix/Blim. Ser y parecer.

por Ricardo Ciefebrero 26, 2016

No ha podido caerme en las manos un mejor ejemplo de la lucha de neuronas que estamos viviendo en nuestros tiempos. Que no es una lucha de formatos o plataformas, atención, es una lucha más profunda, de entender qué fenómeno estamos viviendo en las comunicaciones. Que el asunto no es de maquillaje y ropita, sino que tiene que ver con una transformación de “espíritu”.

Todos saben lo que ha significado Netflix en el mundo de la distribución de contenidos. Y en el mundo del entretenimiento de públicos de todo el planeta. Una cosa no podría existir sin la otra y me explico: si el contenido de Netflix no tuviera la calidad que tiene y no fuera lo excelente que es y no tuviera el atractivo que tiene para millones de personas, nada habría pasado. Y si Netflix no hubiera invertido muchos millones de dólares en preparar su oferta de contenido original, además de los otros, seguramente no estaríamos hablando de ella.

Netflix pensó cómo podía adaptar su oferta al mundo digital y luego de invertir muchísimo dinero en contenido original decidió también adaptar la oferta de series de una forma que revolucionó el mercado: En el momento que lanzo la serie tienes todos los capítulos de la temporada a tu disposición. Fin de la esclavitud de esperar una semana por una hora de contenidos. Nuevos pensamientos para nuevas plataformas. El medio, con el perdón de McLuhan, no es nada sin el mensaje adecuado.

Por todo esto es que ha causado tanta burla en las redes el lanzamiento, por parte del gigante mexicano Televisa, de su nueva plataforma digital de contenidos Blim. Porque da la impresión de que este fue el razonamiento del señor Azcárraga Jean para armar su producto: -A ver, el negocio ya no va como antes, la gente se está moviendo hacia el contenido digital. Yo tengo decenas de decenas de años de programación televisiva tercermundista y barata, pero mía. Así que la ponemos toda en un portal tipo-Netflix y listo. Un tiro al piso. El Chavo del Ocho on demand. Telenovelas de cientos de capítulos de moco y llanto para llevar. Listo. ¿Qué puede salir mal? ¿Qué tiene que envidiarle el Doctor Chapatín a Dr. House?

Para terminar de cerrar el círculo virtuoso del negocio perfecto, decidieron que el nuevo servicio (con años de atraso con respecto a Netflix solo en lo que respecta a lanzamiento) podía costar más que su posicionadísima competencia americana. De nuevo: ¿Qué puede salir mal?

Es pronto para afirmar que este emprendimiento será un fracaso. Personalmente dudo que funcione, pero es posible que encuentre algún mercado. Lo que me interesa resaltar, el problema de fondo es el mismo del que he venido hablando de otras entregas: En nuestra región son demasiados los que creen poder incursionar y sobrevivir en este mundo digital montándose en las nuevas plataformas sin cambiar sus paradigmas mentales de los viejos medios. Sin sacarse de la cabeza la forma análoga en que se ganaron algún día el sustento. Que no aprenden de las experiencias ya vividas por otros. Que no quieren recordar que un día los periódicos pensaron que la gente pagaría diariamente su edición en digital como lo habían hecho todos los días con la impresa. Y no ha sido así.

Tendríamos que encontrar nuevos caminos para las nuevas plataformas. Y eso requiere pensamiento e inversión. Nuevas aproximaciones. Ayer una televisora podía esclavizar a un país y obligarlo a ver lo que ella quisiera poner en pantalla. Pero el poder cambió de manos y hoy el espectador puede acceder al contenido que prefiera e incluso decide si le da la gana de pagarlo o no. Y eso no se puede detener. Los fenómenos de hoy en contenido digital tienen que ganarse la atención del público a pulso y en base a calidad y conexión con la gente. Hay que trabajar. Producir como los mejores del planeta o tu público local va a ver el contenido de calidad sea de donde sea, porque le cuesta los mismos clicks acceder a él.

Ahora es el espectador, y no El Chapulín Colorado, el que nos dice a nosotros: “No contaban con mi astucia”.

Foto: 360b / Shutterstock.com

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Acerca del autor
Ricardo Cie
Ricardo Cie
Creativo. Escritor. Resilente. Pre-Millennial. Vicepresidente Creativo de JMC/Y&R. Ha desarrollado su carrera como creativo publicitario entre Venezuela (su país natal) y México (donde vivió por 12 años). Ha trabajado por 25 años como asesor independiente y en agencias como JMC/Y&R, McCann-Erickson, Lowe, DDB, Ogilvy, Saatchi&Saatchi y FiRe Advertainment, donde fue pionero en el desarrollo de contenidos para marcas. Ha creado y desarrollado campañas para decenas de clientes como Volkswagen, McDonalds, Nokia, Coca-Cola, Henkel, Axa Seguros, General Motors, General Mills y Nike. Ha sido reconocido en los mejores festivales de publicidadd de la región y el mundo Escritor e ilustrador, con un Premio Nacional de Literatura en el 2004 en Venezuela y tres libros para niños publicados, uno de ellos traducido al chino.
1 Comentarios
  • Rodrigo
    febrero 28, 2016 at 11:12 am

    Mi estimado Ricardo, y eso que te perdiste de la “campaña estratégica” en redes sociales; demostrando que tampoco entienden cómo funcionan ni para qué sirven. Bajo el mismo paradigma de antes, creen que si atiborran de mensajes y pagan, eso va a hacer que a la gente le guste. Patéticos.

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