El 29 de abril de este año se publicó mi último artículo aquí en Robot. 4 meses de silencio siguieron a esa publicación. Poco después de ese 29 hablé con mi amigo @modulor y le conté que podría tardarme en volver a escribir. Que la realidad en mi país (Venezuela) y su difícil situación me estaban afectando al punto de sentir que era absurdo pretender que podía ser interesante cualquier cosa que pudiera poner aquí.

¿Qué ha cambiado en estos 4 meses? En el país nada, salvo todo lo que ha empeorado la misma situación. ¿Y entonces por qué vuelvo a escribir? ¿Me fui del país y ahora respiro aliviado? No. Aún no al menos.

Vuelvo a escribir porque hay que seguir. Porque, salvo que te decidas por el suicidio o alguna otra respuesta extrema, que los hay, en medio de cualquier dificultad hay que seguir.

Le digo a mi hijo al menos cada semana y a mi equipo creativo en la agencia, cuando aceptan escucharme, que hay que sacar la cabeza las veces que se pueda del estiercolero de la lucha por sobrevivir en estas circunstancias y repetirnos en voz alta, si es posible frente al espejo, que lo que estamos viviendo en Venezuela NO-ES-NORMAL.

Les repito que el día que asumamos que hacer horas de cola por un kilo de harina es normal, nos habremos entregado. Que en el instante en que asumamos como normal que si nos asaltan debemos alegrarnos porque “al menos no nos mataron”, ese día lo perdimos todo.

Que un grupo de delincuentes secuestre un país NO-ES-NORMAL. Que estemos viviendo un experimento fracasado de comunismo, ni siquiera por convicción ideológica, sino por incompetencia de esos mismos delincuentes NO-ES-NORMAL.

Entonces, en estos momentos donde te rodea lo peor, hay que aferrarse a lo NORMAL. Y normal es sentirnos parte de un mundo que avanza en el imperio de las ideas, el conocimiento, la información y la expansión digital. Lo normal es hablar y escribir sobre lo que estamos viviendo (en el mundo, no en la pequeña degeneración distópica en la que se ha convertido el país donde te tocó en suerte nacer), desentrañar sus pautas, crecer, aprender y avanzar.

Pero somos humanos y he tenido un momento de debilidad que ha durado 4 meses. Y casi me engulle el desánimo y me aplasta la realidad. Me pido disculpas por eso.

En estos días entiendo muy bien lo que el desarrollo, la estabilidad y la calidad de vida pueden hacer por una sociedad. Porque si Steve Jobs a los 12 años en vez de estar escribiéndole cartas al señor Packard pidiendo piezas para sus experimentos infantiles hubiese tenido que estar en una cola al sol caribeño de 36 grados centígrados de Caracas, con hambre y sueño (los he visto formarse desde la tarde anterior al día en que pretenden comprar) para apenas sobrevivir después de haber abandonado el colegio, es más que seguro que Apple no existiría. Y así Facebook. Y Uber. Hasta el mismísimo Internet.

Es muy difícil hablar de las nuevas “Historias” de Instagram como lo más importante del mundo cuando a tu lado familiares, conocidos y compatriotas están luchando por una medicina que necesitan pero no encuentran. Cuando sabes que está muriendo gente, todos los días, que tendrían que seguir vivas pero no encuentran lo básico que un país debe asegurarle a sus hijos. Cuando la muerte en demasiadas formas te muestra los dientes. Cuando ves a tu hijo y te preguntas qué adulto será si llega a asumir que esto que está viviendo es lo NORMAL.

Sin embargo, hoy entiendo (de nuevo) que hay que luchar desde la trinchera en la que cada quien es bueno para que la anormalidad no se normalice y nos engulla. Y mi trinchera es esta: las letras, la comunicación y el pensamiento. Y desde aquí debo seguir luchando por lo posible y seguir conectando a la gente con lo que nos va a permitir avanzar. Y denunciar lo que nos lo impida. Porque este grillete que nos hace lentos y torpes, que nos aleja de nuestros objetivos y que nos niega el crecimiento NO-ES-NORMAL.

Así que hola otra vez. Es bonito estar de vuelta.

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Creativo. Escritor. Resilente. Pre-Millennial. Vicepresidente Creativo de JMC/Y&R. Ha desarrollado su carrera como creativo publicitario entre Venezuela (su país natal) y México (donde vivió por 12 años). Ha trabajado por 25 años como asesor independiente y en agencias como JMC/Y&R, McCann-Erickson, Lowe, DDB, Ogilvy, Saatchi&Saatchi y FiRe Advertainment, donde fue pionero en el desarrollo de contenidos para marcas. Ha creado y desarrollado campañas para decenas de clientes como Volkswagen, McDonalds, Nokia, Coca-Cola, Henkel, Axa Seguros, General Motors, General Mills y Nike. Ha sido reconocido en los mejores festivales de publicidadd de la región y el mundo Escritor e ilustrador, con un Premio Nacional de Literatura en el 2004 en Venezuela y tres libros para niños publicados, uno de ellos traducido al chino.

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