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Venezuela y la obsolescencia programada.
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Venezuela y la obsolescencia programada.

por Ricardo Ciefebrero 20, 2016

No quería escribir en este medio textos que hablaran muy particularmente del país donde vivo (Venezuela), tomando en cuenta que este es un medio digital y, por lo tanto, global.

Sin embargo, también me establecí como meta en estos artículos, hablar siempre desde la experiencia personal, jugar al concepto de las charlas TED y no referirme a conocimientos, propuestas o planteamientos sin dejar de presentarlos desde el aprendizaje mezclado con la experiencia personal.

Por eso sí voy a escribir hoy de Venezuela. Porque mi experiencia diaria personal transcurre en este país. Y Venezuela, en muchos aspectos está aislada del mundo, pero en realidad no y esa dicotomía es buena parte de la desgracia de los que seguimos aquí.

Y ahí voy: En Venezuela faltan alimentos, faltan medicinas, falta decencia en el gobierno, faltan insumos de todo tipo para producir, faltan dólares, falta agua y falta energía, pero nos sobra la obsolescencia programada (y la no programada también).

Para mí es como si la obsolescencia fuera un ser vivo y palpable. Enorme. Un monstruo hecho de desechos de tarjetas madre, cargadores y baterías de iPhone hinchadas, rezumando líquido herrumbroso e inmensas fauces que no me deja solo ni un instante.

A las seis de la mañana, al abrir los ojos, está parado al lado de mi cama. No habla, pero las dos cavidades que tiene por ojos me gritan que estoy perdido. Y aunque sus rasgos son difusos e irregulares, juraría que sonríe.

En reuniones con clientes siento de pronto una gota de líquido rojiza que cae en mi hombro y no tengo que voltear para saber que la bestia está allí.

Mi avance en materia de gadgets digitales quedó detenido en un iPhone 5, un iPad2 y un MacBook Pro 2011. Salvo el iPhone, los traje de México, donde viví 12 años. Y desde entonces, cualquier intento de mi cerebro por procesar una manera de reponer alguna de esas necesarísimas herramientas se estrella con tristeza frente a lo inalcanzable de los dólares necesarios desde la profundidad en que ha ido quedando el país.

Si se me cierra el FaceBook en el iPad mientras tengo que estar sentado en el baño, me doy cuenta que en la ducha, asomando la cabeza por la cortina, está el inmenso, burlón gigante de la obsolescencia programada de nuevo.

Cuando pienso que han salido dos y tres generaciones nuevas de esas tres herramientas que uso a diario con intensidad, me estremezco. Sé que están listos para empezar a darme problemas en cualquier momento, que el monstruo me acecha. Y tengo sudores en frío, se me anuda el estómago, siento náuseas al pensar que la fecha de la bomba de tiempo que llevan dentro está a punto de expirar.

Cuando me acuesto, pido al universo que se dañe el sistema malicioso, que se detenga, que  cada uno de mis aparatos tenga un problema de personalidad y empiecen a pensar que son la última generación de flamantes gadgets del gigante de la manzana. Y allí, a oscuras, sigo escuchando la respiración del bicho, siento su olor, sé que espera tranquilo el terrible desenlace que me espera.

Entonces caigo en cuenta de que el gobierno que ha llevado a mi país al siglo XVIII también debe tener su monstruo, que su reloj interno está avanzando también, que los gobiernos también sufren de obsolescencia programada. Y logro conciliar el sueño con cierta felicidad.

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Acerca del autor
Ricardo Cie
Ricardo Cie
Creativo. Escritor. Resilente. Pre-Millennial. Vicepresidente Creativo de JMC/Y&R. Ha desarrollado su carrera como creativo publicitario entre Venezuela (su país natal) y México (donde vivió por 12 años). Ha trabajado por 25 años como asesor independiente y en agencias como JMC/Y&R, McCann-Erickson, Lowe, DDB, Ogilvy, Saatchi&Saatchi y FiRe Advertainment, donde fue pionero en el desarrollo de contenidos para marcas. Ha creado y desarrollado campañas para decenas de clientes como Volkswagen, McDonalds, Nokia, Coca-Cola, Henkel, Axa Seguros, General Motors, General Mills y Nike. Ha sido reconocido en los mejores festivales de publicidadd de la región y el mundo Escritor e ilustrador, con un Premio Nacional de Literatura en el 2004 en Venezuela y tres libros para niños publicados, uno de ellos traducido al chino.
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