“A los que llaman locos, los rebeldes, los problemáticos, los bordes redondos en los agujeros cuadrados, a los que ven las cosas de una manera diferente…”

Así comienza “Think Different”, un texto que originalmente fue un comercial de televisión que marcaría el regreso de Steve Jobs a Apple, y luego se convirtió en un manifiesto para toda una generación de personas que se identifican con esa visión de Jobs de querer cambiar al mundo, de querer dejar una huella en el.

El 5 de octubre de 2011 estaba sentado esperando mi turno para pararme a hablar en una charla TEDx. Entre lo que tenía preparado en mi iPad habían anécdotas de uno de los arquitectos que mas admiro, Frank Lloyd Wright, un personaje que sin duda cambió el mundo que lo rodeaba, un rebelde en muchos aspectos: no se dejaba decir cómo sería su vida, el estaba decidido a que fuera como el la había soñado. También hablé de Steve Jobs y de cómo su manera de ver al mundo había cambiado la nuestra. Ese mismo día, mientras estaba sentado esperando mi turno para subir a la tarima, un amigo que estaba sentado detrás de mi me mostró un tweet donde decía que Jobs había fallecido. Nunca pensé que me iba a poner tan sentimental por alguien a quien no conocí, y justamente en la tarima del TEDx, frente una de las láminas (una foto de Jobs en cuello de tortuga negro), se me quebró la voz y luego de unos segundos de silencio continué. Dentro de lo que cabe, gran parte de la charla fue un pequeño homenaje a Jobs y lo que su trabajo había significado para mi. Al diseñar el primer número de esta revista, se nos ocurrió que podíamos conversar acerca de Jobs como primer artículo, pero no como una investigación extensísima, que de esas ya hay muchas y muy buenas, sino como una conversación entre amigos. Hicimos unas llamadas, enviamos unos mails, y de allí resultó esto.

Estamos en una cafetería esperando a Mauricio Salazar, @tukeke, un emprendedor “serial” y podcaster, (cuando tenía 19 años creó junto a un grupo de amigos el sitio web chevere.com, sitio web que al cabo de 5 años se había convertido en uno de los portales más visitados en Venezuela y Latinoamérica. En el año 2001 fue adquirido por Terra Networks, filial de Telefónica de España). Vamos a conversar acerca de la revista, de su columna en ella, y de Steve Jobs.

Mauricio vive en Barcelona, pero la conversación fluye a través de Skype, del e-mail, de WhatsApp. Conmigo está otro amigo, Julio Ohep, un consultor especializado en Apple que además es el Regional Liaison for Online Groups para Apple. A la conversa se unen también, desde Caracas, el arquitecto Salvador Santorsola y el diseñador Diego Baptista, ambos destacados profesionales, de esos que han hecho cosas que son parte de tu entorno, y que tienen en común su pasión por la tecnología.

Lo primero que ponemos en la mesa es el aporte que Steve Jobs dio al mundo en el que vivimos hoy. Julio es el primero en intervenir: “Creo que la sensibilidad ante los objetos que usamos. Una vez que comencé a usar Macs, me volví más observador y crítico. Me comencé a preguntar si la computadora que uso puede ser así, por qué no los carros, edificios, utensilios de cocina, etc.”. Mauricio desde Barcelona agrega “los que vivieron en los 90s escucharon a Nirvana; y lo amaron, y se sabían todas sus canciones, y usaban pantalones rotos y camisas a cuadros. Si no fue Nirvana, fue algún otro grupo que era “alternativo” pero que todo el mundo escuchaba. Yo llegué tarde. Kurt ya se había muerto hacía tiempo y Nirvana era historia. Fue ahí cuando empecé a escucharlos y a recomendársela a todos mis amigos como si ellos nunca lo hubieran escuchado. También fue ahí cuando me di cuenta que si algo era escuchado por la mayoría, yo lo evitaba. Algo parecido me pasó con Steve y, hasta cierto punto, me sigue pasando con su recuerdo. Dentro de mi hay una pequeña alarma que suena cuando una persona es idolatrada por su éxito rotundo y casi mágico.”

Me comencé a preguntar si la computadora que uso puede ser así, por qué no los carros, edificios, utensilios de cocina… (Julio Ohep)

Mauricio dice esto y se apoya en dos razones que nos cuenta a través de la pantalla de la Macbook que tenemos en la mesa: la primera, es que “nadie hace nada solo, Steve se rodeó de gente talentosa (influenciadas asimismo por tantas otras personas) que lo ayudaron a convertir sus fantásticas ideas en objetos tangibles y exitosos.” Luego agrega que los emprendedores y creadores fuera de serie, como Steve Jobs (y Elon Musk, Curie, Alan Turing, Bill Gates, Ada Lovelace y un largo etc), no siguen fórmulas mágicas. “O al menos no siguen muchas fórmulas ya establecidas. Más importante, lo que ellos hacen no es replicable al pie de la letra. No sirve de nada ser casi Steve Jobs si no eres Steve Jobs.”

Mauricio insiste en que admira a los creadores atípicos, les sigue la pista. Agrega que el aporte más grande que Jobs continúa dando es que son fuente de inspiración:  “son un recordatorio que todo es posible y que sólo hay que rodearse de la gente adecuada y trabajar inteligentemente para hacer realidad los sueños. Eso, soñar. Steve me hizo y me hace soñar. Soñar es apuntar al infinito, al Nirvana.”

Sin duda que Jobs y Apple, su creación más recordada facilitó y facilita la producción creativa, en la opinión de Diego Baptista, “Jobs fue la persona que puso en mis manos herramientas de trabajo fáciles y agradables de usar, poderosas, con excelente diseño, sin tener que hacer una maestría en informática para usarlas adecuadamente. A nivel personal es la concreción del empeño, la constancia, la visión y el deseo de hacer la diferencia entre los seres humanos. El slogan ‘la computadora para el resto de nosotros’, es una declaración de principios que guió la vida de Jobs y sigue guiando a la compañía que fundó y que llevó al éxito por encima de los problemas económicos de su nación.”

SteveJobs

Jobs decía que enfocarse significa decir no a otras cientos de ideas buenas que hay. Le preguntamos al grupo si estaba de acuerdo con esa premisa. Diego comenta que ese es un excelente consejo “que desoímos la mayor parte del tiempo”. Agrega que “en ocasiones se hace necesario ser multitasking, pero lo ideal es enfocarse. Es preferible tener éxito en una tarea que fracasar en varias por haber repartido tu esfuerzo y recursos”. Al respecto Julio comenta que está completamente de acuerdo, “pero soy multitasking”. A su juicio, es imposible no serlo hoy en día. Mauricio tiene una opinión muy particular acerca de decir que no o decir que si a las ideas, “a finales del 2000, me fui a un pequeño pueblo al sur de Alemania llamado Freiburg. Mi intención era aprender el idioma por unos pocos meses y para ello decidí hacer un pequeño experimento: decir siempre “Ja” (¡sí!). Soy pésimo cocinero y, para mantenerme vivo, recurro con frecuencia a restaurantes y cafés de los que me hago cliente regular. Cerca del instituto donde estudiaba, había una excelente panadería con una oferta de panes y productos deliciosamente extensa. El primer día pedí algo en mi pobre Alemán y la chica me contestó con una oración completamente ininteligible para mi. Inmediatamente contesté “nein, danke”, (no, gracias) me di media vuelta con cara de vergüenza y salí lo más rápido que pude. Mi estómago me reclamó por un par de horas. En ese momento decidí que la próxima vez iba a decir “Sí” y esperar a ver cuál forma tomaba la larga oración del día siguiente. El mismo pan que no me comí el día anterior, esta vez terminó en una bolsa lista “para llevar” (“Zum mitnehemen”). Lección aprendida”. El foco que propone Steve al decir “no” pasa, primero, por muchos sí. Pasa por experimentar con muchas ideas al mismo tiempo e ir diciendo “no” mientras se llega al producto único. Apple estuvo trabajando varios años con una tableta que terminó convirtiéndose en un iPhone (y posteriormente en un iPad)” Para Mauricio, decir sí en los momentos indicados es tan importante como decir no. Abrir los ojos y los oídos a lo que está pasando, a los problemas, a las soluciones, a la gente. “Eso requiere ser multitasking”, agrega, “yo salto entre proyectos con frecuencia. Uno alimenta al otro y viceversa. Hace más fácil el decir no”.

Muchos pintan a Jobs como un villano, otros justifican su personalidad excusándolo con su genialidad. ¿Cuál es tu punto de vista?

Julio es el primero en contestar, se ríe y dice “siempre he dicho que no quisiera conocer a mis héroes. Tal vez Peter Gabriel tiene mal aliento, Alan Turing una voz insoportable y Charles Darwin eructaba después de comer, no sé. Prefiero apreciarlos por lo que contribuyeron. Todos fueron humanos.” Diego piensa que en el caso de Jobs, su intención era llevar a sus trabajadores fuera de su área de confort, para que se enfrentaran al reto se superarse a si mismos. Agrega una anécdota al respecto “muchos de los buenos profesores que tuve fueron bastante tiranos en sus cátedras, pero su intención era sacar lo mejor de cada uno. De algunos me hice amigo posteriormente y eran claras sus intenciones de enseñar. Puede que Jobs haya sobrepasado el límite en muchas ocasiones, pero sacar el mejor partido de la gente también tiene su mérito.” Mauricio opina que no hay genialidad que justifique ser villano: “nunca conocí a Steve Jobs – obviamente me hubiera gustado hacerlo– y no puedo hablar de su personalidad real. (…) Durante toda mi carrera he comprobado una y otra vez que ser transparente, generoso y justo, hace que la gente que me rodea llegue a sitios más interesantes.”

Jobs fue un visionario y un emprendedor, para muchos un ejemplo del sueño americano por todo lo que consiguió luego de haber comenzado desde un garage. ¿Emprender vale la pena, es sólo para visionarios o cualquiera puede ser un emprendedor y triunfar?

Para Julio, cualquiera puede emprender y triunfar: “Jobs era un ser humano, con virtudes y defectos. El error es pensar que emprender es un camino fácil al éxito. Como en todo, o tal vez aún más, emprender y triunfar es un juego de bajas probabilidades.” Mauricio tiene bastante experiencia en eso de ser emprendedor, y ante la pregunta nos ilustra con una anécdota “Un amigo se quejaba con frecuencia, a manera de disculpa, de su inconformidad por todo lo que lo rodeaba. ‘Mauricio, esta billetera es horrible y poco práctica’, ‘esta profesora no está dando la bien clase de historia’, ‘¿a quién se le ocurre hacer un edificio con la entrada por aquí?’. Yo siempre le decía que la inconformidad es uno de los impulsores del cambio y que no había razón para disculparse.” Para el “son precisamente de esas inconformidades de las que salen las ideas para cambiar el mundo”, y agrega, “todos hemos pensado en algún momento que ojalá alguien hiciera el producto X o el servicio Y para solucionarme un problema determinado, ‘Ojalá hubiera algo que me dijera el nombre de la canción que está sonando’, por ejemplo.”

Para todos los que participamos en esta conversación, el “secreto”, si hay alguno, está justamente en hacer las cosas. Mauricio agrega “unos deciden hacer algo al respecto, por más absurdo o imposible que parezca, y se convierten en emprendedores (…) Todos tenemos ideas buenas. Pocos decidimos ejecutarlas. El principal freno para esa ejecución es el miedo y el riesgo, el encontrar mil razones por las que no funcionaría en vez de encontrar soluciones (con mil productos potenciales).  Emprender vale la pena, no sólo por el resultado, sino por lo que se aprende en el camino haciendo. Por la evolución de las ideas. Mientras más se hace, más se aprende y el riesgo y el miedo disminuyen un poco.”

Finaliza diciendo “todos deberíamos emprender un negocio al menos una vez en la vida. Todos tenemos ideas que van a cambiar al mundo, hay que intentar llevarlas a la realidad”, y no pudiéramos estar más de acuerdo.

 

No hay grandes logros sin grandes retos

Salvador Santorsola se une a la conversación, y acerca de Jobs, sus buenas ideas y el emprendimiento, nos dice:

Un día, hace cierto tiempo el entorno empezó a manejar el mundo digital, cual usual novedad esa era digital se hizo notar ejerciendo cierta presión: la moda no suele respetar espacios privados. Inicialmente no presté mucha atención, mi concentración en grafitos, variedad de lápices y minas, duras cual piedras y blandas cual Camembert, amplia gama de colores en diferentes formatos, papeles, lienzos y texturas de diversos granos que en aquel entonces poseía me alejaba de ese mundo…

¿Podemos sin embargo correr la arruga? Si, pero… obviar el futuro a menos que suceda lo inevitable no es tarea fácil.

Las negaciones son las primeras alternativas que manejamos cuando algo no nos convence, sin siquiera detenerme a pensar en ello se lo apliqué primero a esa tarjeta perforada, luego a aquella pantalla negra de texto verde, era poco probable conseguir mi espacio en ese anónimo e impersonal mundo, ¿donde quedaba esa visión personal del mundo? ¿En especial el de las ideas? Así que acepté el ordenador personal como herramienta algo tarde, al desprenderme de los amados crayones, aquellas fabulosas texturas y con la aparición de una visión intuitiva en el manejo, para mi, de esa nueva herramienta. Atrás quedó entonces el papel blanco para cada nueva empresa, para enfrentar una nueva pantalla en cada idea, cada logro.

¿Lo hubiera logrado sin desechar las alternativas? o ¿Con una herramienta dedicada a un solo propósito?

Lo dudo, el manejo del mundo digital tiene que conectar todo aquello que solemos manejar para demostrar cuanto pensamos, opciones, texto, imágenes, sonidos, animaciones, etc… debían incluirse o los forzaremos a ello, conectarlos viendo el pasado, sería luego tarea realmente fácil.

En este sentido, ¿que herramienta de fácil alcance podía ofrecer un mundo amplio al respecto? Si existieron otras no lo se, pero Apple se convirtió en la imprescindible herramienta ofreciéndome todo el soporte necesitado, incluyendo la famosa pregunta “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer?”

Entiendo esta pregunta como una forma inteligente de esquivar el miedo que nos ataca en cada nueva empresa, obviando esa inseguridad que suele adueñarse de nuestra mente, bloqueándola.

Si bien el autor de la pregunta, Steve Jobs, era un personaje algo extraño, déspota, genial o con los calificativos que deseemos, no imagino como pudiéramos obtener grandes logros sin grandes retos y grandes esfuerzos. En un mundo personal y lleno de fantasías al buen estilo de Walter Mitty podemos encontrar la ansiada inspiración para cuanto soñamos o deseamos, lograrlo implica otra visión, otras metas para alcanzar ese horizonte, en esto Jobs era un artista, poseyendo el sueño, teniendo las ganas y la visión para convertirlo en realidad.