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Todas las historias de amor, son historias de fantasmas: Porque no deberías decepcionarte con The Haunting of Bly Manor. 

Te contamos punto a punto la importancia de este experimento de discurso y ritmo de guion, que quizás pueda cambiar la forma...

Aglaia Berlutti Written by Aglaia Berlutti · 6 min read >
The Haunting of By Manor

‘The Haunting of Bly Manor’ es el más reciente éxito de Netflix y sin duda, una de las producciones de mayor factura del canal durante este año. En especial, por los riesgos narrativos que Mike Flanagan corrió para contar la historia de la venerable casa y quienes le habitan, desde la perspectiva del romance gótico, antes que del terror en estado puro. Te contamos punto a punto la importancia de este experimento de discurso y ritmo de guion, que quizás pueda cambiar la forma en que se cuentan historias de terror en la cultura pop a futuro. 

(Como es obvio, hay muchos y específicos spoilers en este artículo, leer con precaución)


The Haunting of Bly Manor de Mike Flanagan tenía una curiosa y doble responsabilidad: superar el formidable ejercicio de narración y puesta en escena de “The Haunting of Hill House” y además, rendir homenaje a ese clásico de la literatura de terror “Otra vuelta de tuerca” de Henry James, que ya lleva a cuestas más de 10 revisiones distintas en cine y televisión. 

La apuesta ha sido alta y aunque la serie no la ha tenido todas consigo para satisfacer a los fanáticos, el romance gótico de Flanagan, que se tomó el atrevimiento de rellenar espacios de argumento que el material original prefirió dejar a la imaginación del lector, es un ejercicio de buen gusto y una solida propuesta que merece una revisión exhaustiva sobre su trascendencia e importancia. Tanto como si disfrutaste de la serie como si consideraste no llega a la altura de su celebrada primera temporada, te contamos por qué Bly Manor será de considerable importancia en el futuro, al momento de contar historias de terror. 

Una lenta mirada al olvido:

El argumento de la serie Bly Manor está más interesado en lo que ocurre a la periferia de la historia que lo que muestra en cámara, por lo que los tres primeros capítulos pueden resultar en exceso sobre explicativos, anticlimáticos y en especial, exigir una considerable paciencia del televidente. No obstante, la serie trabaja sobre una estructura que sólo será clara a partir del cuarto episodio, cuanto todas las insinuaciones y los hilos narrativos propuestos hasta entonces, comienzan a tener sentido. 

El guion tomó la arriesgada decisión de conceder una considerable importancia al simbolismo del misterio, lo que provoca que cada episodio tenga una considerable carga de mensajes que sólo se comprenderán mientras la historia avanza. Además, no se trata de una historia de horror al uso, ni tampoco el juego de suspenso psicológico que propuso James en su inmortal obra, sino de un romance gótico con todas las características que supone el género. Desde la importancia primordial de la mansión como parte de la estructura de la historia — un centro de gravedad que sostiene y atrae a todos los personajes hacia su centro — hacia el hecho, que lo sobrenatural es concebido desde lo emocional, la historia de Bly Manor supone una interesante revisión a varios géneros desde una novedosa cualidad narrativa que Flanagan explora con una cuidadosa mirada sobre el dolor y el miedo.

En Bly Manor, lo inexplicable procede de los recuerdos y de hecho, toda la serie parece sustentarse en la posibilidad que la voluntad, el amor, el odio, el rencor puedan convertirse en un espacio habitado por lo paranormal. Como si lo anterior no fuera suficiente, Flanagan convirtió a Bly Manor en una caja de resonancia de los secretos de cada uno de sus personajes. Todos tienen algo que ocultar y de hecho, el proceso de revelar lo que ocultan cada uno de ellos, es la parte esencial de una narración que pudo basarse sólo en las consecuencias terroríficas de hechos desconocidos. 

Pero Flanagan utiliza la noción sobre el romance gótico que hace de los fantasmas, más que criaturas terroríficas, historias a medio revelar que movilizan la historia hacia su centro. De la misma forma en que Guillermo Del Toro lo hizo en el 2015 en su magnífica Crimson Peak, lo sobrenatural se manifiesta a través de los que los personajes recuerdan, sufren o temen. Un caso específico que sorprendió por su buen hacer argumental, fue el capítulo dedicado a la memoria fragmentada de Hannah Grose (T’Nia Miller), que no sólo permitió comprender y conocer una serie de información que hasta entonces era inexplicable, sino además, adentrarnos en la forma en que personaje comprende la realidad. 

Hannah, desde las primeras escenas, fue una extraña variación de un misterio del argumento llevado a una hipótesis sobre lo que ocurre en Bly Manor: Flanagan llenó los primeros capítulos con todo tipo de insinuaciones que la misteriosa ama de llaves bien podría estar muerta, sufriendo algún grado de demencia o incluso, sólo ser una pista falsa para desviar la atención del espectador fuera del núcleo central de la narración. Al final, Hannah resultó ser un elemento común que nos permitió conocer la forma en que lo sobrenatural actúa en Bly Manor y en especial, la manera como el poder que confluye en la casa, actúa para sostener y vincular a cada uno de sus personajes.

Lo mismo ocurre con la historia de Dani (Victoria Pedretti), que llega a Bly Manor huyendo de sus propios fantasmas. Se trata de una historia dolorosa que lleva a cuestas como un secreto insoportable: Flanagan maneja la información a través de pequeñas apariciones muy rápidas que empujan a Dani a racionalizar no sólo el temor que siente hacia el pasado, sino hacia sus decisiones y al final, incluso con respecto a su identidad. La escena en que el personaje arroja los anteojos de su ex novio (y espectro privado) al fuego, es una típica mirada sobre finales de ciclos simbólicos y sin duda, una forma de cerrar una línea argumental que permitió a Dani continuar con su trayecto hacia algo más elaborado. 

Bly Manor elabora una cuidadosa percepción sobre el sufrimiento, el miedo y el amor. Todos los habitantes de la mansión, están unidos por sentimientos violentos, por tragedias misteriosas y al final, horrores personales que les sostienen y le empujan a su inevitable desenlace. Desde el encantador Owen (Rahul Kohli) que podría haber sido un personaje accesorio y termina siendo la piedra de sostén en la narración de Hannah, hasta Flora (Amelie Bea) y Miles (Benjamin Evan Ainsworth) el recorrido por lo que acecha en Bly Manor es también, una concepción psicológica sobre el padecimiento psicológico y emocional. Una forma de comprender los espacios de nuestra mente y como pueden sustentar una nueva manera de entender lo que nos aterroriza. 

Ese espeluznante capítulo ocho: 

No obstante, todo lo anterior llega a un nuevo nivel en el capítulo 8 de la serie, en el que quizás es el giro de guion más sólido y visualmente extraordinario del programa, además de un riesgo narrativo de considerable nivel. Flanagan decide contar la historia de la Dama del Lago, pero hacerlo desde una tercera persona con voz en off — que ya había utilizado con éxito en cada uno de los capítulos — , utilizar el blanco y negro como acento visual y además, dejar a un lado las insinuaciones del programa sobre lo sobrenatural para mostrar en primera personal el real secreto de Bly Manor. 

De la misma manera que el capítulo cinco se centró por completo en Hannah, el ocho analiza todo lo ocurrido en la mansión desde varios hilos narrativos que transcurren en paralelo. Se trata de un formato mucho más parecido al cinematográfico que al episódico, lo que hace de la decisión de Flanagan un riesgo que pudo haber arruinado el irregular ritmo de la serie o llevar al traste la atmósfera, que con tanto cuidado intentó sostener y que en algunos puntos, parece decaer debido a inconsistencias del guion. No obstante, el penúltimo episodio es de una belleza electrizante y en especial, una profundidad emocional que sostiene a toda la serie como un sólido conjunto gótico de considerable calidad. 

Hasta entonces, la Dama del Lago había sido una presencia más o menos misteriosa, a la que se mostró asesinando cadáveres para liego arrastrarnos al lago en una lenta agonía espeluznante. Pero en el capítulo ocho, el personaje cobra nombre y sentido: Viola (interpretada por Kate Siegel, a quien los fanáticos de “Hill House” reconocerán como Theo de la temporada original), es mucho más que un fantasma: es un recuerdo convertido en una amenaza que además, domina la casa a fuerza de una voluntad salvaje de venganza y odio. Puede parecer una revelación tópica, pero en realidad, se trata de un recorrido por varias de las ideas centrales de la serie y la forma en que las había desarrollado hasta entonces. Viola es la representación de cada fantasma atrapado en Bly Manor y también, de la persistencia de la memoria en la casa. Y es Viola, la que encarna la condena y el miedo que sustenta los terrores que afligen a la Mansión.

The Haunting of Bly Manor es una historia de amor, en lugar de una de terror

Viola es un fantasma, pero también un recuerdo que no lo sabe que lo es: asesinada por su hermana Perdita (Katie Parker, que también estaba en “Hill House”) y condenada a permanecer en una especie de estado entre la vida y la muerte, no sólo logra construir un puente entre cada situación inexplicable del guion, sino también elaborar algo más duro acerca de la naturaleza de lo sobrenatural en la serie. Viola, que poco a poco olvida su propósito pero conserva el odio y el rencor que la mantuvo a medio camino entre la vida y la disolución absoluta, es en el centro de Bly Manor y también, el sostén de su argumento. Y Mike Flanagan lo sabe: el capítulo ocho es un espléndido recorrido entre el bien y el mal, la dureza de la concepción del miedo basado en el sufrimiento y al final, todos los códigos de las historias góticas. Una pieza de arte que cambia por completo el sentido del programa y también, de la forma en que podemos comprender el terror como narración episódica. 

Al final y como la misma serie deja claro, The Haunting of Bly Manor es una historia de amor, en lugar de una de terror. Pero el matiz no impide que lo terrorífico tenga una enorme potencia y que la forma de narrar la historia, conserve toda la belleza de su referente original. Y aunque el show exige paciencia del televidente, es todo un tránsito hacia algo más poderoso y original: la vida y la muerte, como espacios de transición hacia los lugares más misteriosos de la memoria colectiva. Algo en lo que Mike Flanagan parece especialmente interesado y que muestra de manera extraordinaria en cada capítulo de la serie.

Written by Aglaia Berlutti
Aglaia Berlutti es abogada, fotógrafa y escritora, ha dedicado buena parte de su trabajo profesional en ambas disciplinas a la profundizar en la iconografía femenina, con especial énfasis en la mujer que crea y la divinidad femenina. Actualmente se desempeña como profesora de Autorretrato, fotografía en Film e historia de la fotografía en Venezuela en la Escuela Foto Arte, fotógrafa independiente y editora en la revista dedicada a la temática del horror Penumbria de México. Profile

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