Cine y TV

Las películas más trascendentes de 2020.

El año 2020 ha sido un reto de considerable importancia para la Industria del cine. No sólo debió remontar la cuesta del...

Aglaia Berlutti Written by Aglaia Berlutti · 11 min read >

El año 2020 ha sido un reto de considerable importancia para la Industria del cine. No sólo debió remontar la cuesta del aplazamiento de buena parte de sus estrenos más importantes, sino una sacudida considerable en los cimientos mismos que le mantienen en pie. Y aunque es probable que el séptimo arte haya cambiado para siempre, este atípico período de transición dejó algunas obras que celebran — ¡y de qué manera! — su esencia. 

Sin duda, el 2020 será recordado como el año en que el cine cambió para siempre. Y aunque todavía no esté claro si lo hizo para bien o para mal, lo cierto es que la emergencia sanitaria del coronavirus empujó a la industria cinematográfica en una dirección por completo nueva. Una, además, que indica que el séptimo arte tendrá que enfrentar retos específicos a mediano plazo y en especial, un tránsito complicado entre lo tradicional y las nuevas tecnologías que tomaron auge durante los últimos meses. ¿Cómo reaccionará el público a una transformación semejante? ¿Qué puede esperar la audiencia para la próxima década? Todavía no está del todo claro hacía dónde puede conducir los cambios que el cine asimila con dificultad. 

A pesar de eso, este atípico año ha dejado una buena colección de films que no sólo destacan lo mejor de lo esencial en el mundo del cine, sino que recuerdan el motivo por el cual el cine continúa siendo un lenguaje de especial importancia. Te dejamos una recopilación de las obras que nos recordaron durante los últimos meses, la importancia de la experiencia cinematográfica en cualquiera de sus formas: 

Tenet de Christopher Nolan: 

Hay opiniones divididas alrededor de la obra más reciente del realizador británico. Para algunos, fue un riesgo calculado que no salió del todo bien. Para otros, la mayor decepción de la interesante filmografía del director. Para la mayoría del público, una incógnita que aun trata de encontrar su lugar en medio del debate sobre su cualidad de obra enigmática. Cual sea la opinión, el hecho es que el film de Nolan es un homenaje al cine espectáculo, que además, asumió el peso y el riesgo de confiar en la proyección tradicional en medio de una de las crisis más duras que atravesó el mundo del espectáculo en la última década. 

¿Qué hace que de Tenet tan controvertida? Además de su críptico argumento, está el hecho que Nolan analiza ideas en las que ha profundizado durante buena parte de su carrera de manera incompleta. O al menos, no con la habilidad habitual. Desde el paso del tiempo, las implicaciones de la consciencia, la ciencia y el poder de la voluntad, hasta el dolor y la responsabilidad colectiva, el amplio matiz de tópicos que abarca el argumento hace referencia a un tipo de cine que reta y exige mucho más del público, que el cine accesible al que con toda seguridad, nos encontramos acostumbrados. ¿Ese puede ser su lado más blando? No está claro todavía. Lo que sí es evidente, es que se trata de una película de la suficiente envergadura para ser parte de la historia de este duro año 2020. 

Mulan de Niki Caro. 

Reinventar un clásico nunca es sencillo. Mucho menos, si se trata de uno con el que buena parte de una generación creció y se identifica. La icónica película animada del ’98 dirigida por Tony Bancroft y Barry Cook, se convirtió en emblema de un nuevo tipo de heroína y además, de una historia que dejaba a un lado los habituales tópicos de las llamadas Princesas Disney, para analizar otra forma de belleza y fortaleza. La Mulan animada era una mujer de armas tomar y también, con una profunda humanidad, sentido del humor y voluntad. Una pieza de arte en una mirada sobre un nuevo tipo de feminidad en el que la factoría del ratón Mickey fue pionera.

Para su versión Live Action, Disney decidió tomar mucho más en cuenta la versión original de la historia de mítica guerrera que la película animada de hace dos décadas. La obra “Hua Mulan” se encuentra incluida en una recopilación de poemas líricos y baladas que el autor Guo Maoqian compiló en un único volumen en el siglo XI. Con apenas seis párrafos, la obra narra la historia de una mujer de extraordinarias capacidades, destinada a luchar por el bien y además, demostrar el poder de la verdad. La adaptación de Caro, condensó la narración en una película que además rinde tributo al cine de acción de Chino y profundiza en las costumbres en la época, una punto muy criticado en la película del ’98, que se tomó todo tipo de libertades y apuntaló estereotipos culturales que ahora mismo, resultarían impensables.

No obstante el cambio, la adaptación del 2020 de Mulan resultó una decepción tanto para los fanáticos, como para los que esperaban una mirada más ajustada a la típica leyenda que la que mostró el film animado. En un intento de conjugar una historia tradicional con fuertes elementos étnicos con una de aventuras, Caro terminó por dirigir una película errática, sin demasiado sentido de su trascendencia y al final, con una blanda moraleja moral que desmerece tanto el mensaje del clásico del ’98 como el poema. 

Como si no eso no fuera suficiente, el film sufrió la presión de un boicot por diferentes razones políticas y al final, fue la prueba de fuego de Disney en una agresiva y súbita estrategia de llevar varios de sus estrenos a la plataforma streaming de la compañía. La decisión de estrenar la película con un costo añadido y además, hacerlo sin consultar a distribuidores y dueños de teatros, ocasionó un pequeño cataclismo que terminó por convertir a Mulan en un momento incómodo para Disney. El 4 de diciembre, la película llegó al catálogo streaming de la compañía sin demasiado potencia y cosechando una nueva oleada de críticas negativas. Aun así, la película es un reflejo de un año de decisiones incómodas que abrieron paso a una nueva forma de comprender el cine. 

Wonder Woman 1984 de Patty Jenkins. 

Aunque las críticas tempranas de la película hablaban de un espectáculo brillante a la altura de las altísimas expectativas de los fanáticos, en realidad la secuela directa de éxito taquillero del 2017 pierde un poco de ritmo y elegancia en su reinvención en plena era Reagan. Lo hace quizás, porque Jenkins es incapaz de brindar a una Diana mucho más madura y un poco nostálgica, el mismo brillo electrizante que tuvo su versión más inocente y amable, convertida en un inmediato icono en su primera incursión en la pantalla grande. 

El personaje interpretado por Gal Gadot ha tenido un rápido y complicado trayecto en el cine: de un debut que le convirtió en una de las películas más taquilleras del Universo cinematográfico expandido de DC, se convirtió en uno de los personajes principales de Liga de la Justicia de Zack Snyder, uno de los proyectos más problemáticos de Warner. La transición fue complicada y obligó a Wonder Woman a cargar sobre sus ágiles hombros, un fracaso argumental monumental, en la que su mera presencia fue uno de los puntos más altos. Se esperaba que su secuela sería no sólo una nueva oportunidad de DC para mostrar a plenitud uno de sus personajes más exitosos, sino también, la confirmación de la virtud del Universo de la Amazona como esencial para la versión cinematográfica del mundo de la editorial. 

Wonder Woman 1984 apenas lo logra. En realidad, su mayor crítica — y esto puede resultar tramposo — es que la película es mucho más ambiciosa que efectiva. Además que Gadot, estrella absoluta del primer film, debe lidiar en esta ocasión con una brillante Kristen Wiig y un espléndido Pedro Pascal. Ambos villanos se convierten en el punto de atención central, mientras Gadot debe lidiar con el hecho de abrir nuevas dimensiones a un personaje que ya no puede depender del todo de su humanidad o de sus misterios, para narrar una historia que funciona a dos planos. Jenkins hace un buen intento por crear una atmósfera poderosa y lo logra en sus mejores puntos. En otros, parece más interesada en mostrar las formidables cualidades de su heroína que en contar una historia. 

Al final, Wonder Woman 1984 es una historia sobre el renacimiento y el poder personal, contada de manera correcta, pero con momentos muy predecibles y sin mayor brillo. No es exactamente una decepción, pero tampoco, la gran película que los fanáticos esperaban. Sin embargo, es también, el primer film con un presupuesto de su envergadura en hacer la transición de equiparar el cine y la transmisión streaming. Quizás, su mayor acto heroico. 

Greyhound de Aaron Schneider.

Esta portentosa versión de la épica náutica narrada en la novela del 1955 The Good Shepherd de Cecil Scott Forester, fue una de las primeras víctimas del cierre de salas de cine a nivel mundial. El film muestra los pormenores del intento de la marina alemana por hundir la flota mercante que transportaba material de guerra a Gran Bretaña desde los Estados Unidos. Pensada para la gran pantalla, el film es una mezcla asombrosa de escenas digitales de enfrentamientos bélicos en pleno océano. También, recurre a toda la espectacularidad del despliegue de una batería de efectos especiales para mostrar navíos y buques a un asombroso nivel de detalle histórico. Como si eso no fuera suficiente, Tom Hanks se encontraba al frente del elenco, en otras de sus actuaciones comedidas, eficientes y discretas. 

Pero debido a la obligatoria cuarenta que obligó al cierre de cines en la mayor parte del mundo, la película terminó por estrenarse en Apple Tv + bajo demanda. Y aunque no fue del todo un fracaso, el cambio terminó por afectar el objetivo central de una película cuya escala y centro emocional, estaban pensadas para la pantalla grande. La sensación de portento que podrían haber transmitido las espléndidas escenas en una proyección cinematográfica tradicional, se vieron empequeñecidas en portátiles y televisores. Incluso, la actuación efectiva y distante de Hanks — que encarna a un capitán que depende de su sangre fría para triunfar — fue calificada de poco profunda e incluso tediosa. ¿Se trató de otro efecto remanente del cambio de formato? 

En realidad, no hay manera de saberlo y Greyhound fue la primera gran película en enfrentar la realidad incómoda que el gran espectáculo en pantalla, quizás no puede traducirse del todo en la multipantalla. Una lección que deja algunas cosas que pensar a productoras y estudios en este 2020. 

El Juicio de los 7 de Aaron Sorkin. 

Sorkin dirigiendo una historia con tintes políticos es quizás la mejor combinación para cualquier guion. Mucho más, si la película cuenta con un reparto de lujo encabezado por el ganador del Oscar Eddie Redmayner y un brillante Sacha Baron Cohen, en uno de sus raros papeles fuera del ámbito de la comedia. La película de Sorkin tenía la doble presión de narrar un drama judicial y político que hizo historia en EEUU en un momento especialmente complicado y además, hacerlo sin caer en lugares comunes de ambos géneros. Como si todo lo anterior no fuera suficiente, también tendría que soportar el peso de los acontecimientos que en simultáneo ocurrían en la calle, con la discusión sobre el racismo y sus consecuencias más vigente que nunca.

La película lo logra, aunque no de la manera en que buena parte de la audiencia esperaba. Sorkin toma la inteligente decisión de convertir el drama en un ágil cuestionamiento sobre el estilo de vida norteamericano, sus ideales rotos y la frágil concepción sobre el bien y el mal de una cultura asombrada con sus propias excentricidades. El resultado es un film de una gran vitalidad , que cuenta una historia conocida desde una dimensión nueva. Sorkin se emplea a fondo para sostener el ritmo y también el lustre de sarcasmo que evita la película se convierta en panfleto político o peor aun, en un sermón sin mayor trascendencia. Y en medio de una época en que todo parece tener el objetivo de aleccionar, ese es quizás el mayor logro de una propuesta arriesgada por sus implicaciones que logró mostrar el reverso oscuro de EEUU con curiosa originalidad. 

Soul de Pete Docter. 

La crítica temprana la llamó la más Pixar de todas las películas Pixar. Tuvo razón en hacerlo. Eso, a pesar de las dudas y la suspicacia que despertó el hecho que Disney decidiera trasladar su estreno de los cines a su plataforma streaming. Pero sólo se trató de una concesión para su nuevo proyecto online y quizás — si nos aventuramos un poco — del mejor regalo de navidad imaginable. Esta aventura emocional narra con dolorosa belleza, la historia de un maestro amateur de música que muere y debe enfrentar el tránsito de su alma a un estrato por completo nuevo. El guion modula el conjunto de extraordinarias emociones, a la manera exquisita de un buen Jazz. No sólo se trata de su banda sonora de alto calibre sino también, la delicadeza del guion para hablar, profundizar y ponderar sobre temas de naturaleza trascendental con sencillez. 

Soul, en conjunto, es una obra sensible y precisa, que logra un equilibrio espléndido entre la noción sobre la vida, la muerte y todos sus misterios, sin recurrir a otra cosa que las risas y un sentido tierno de la belleza. Pero además de eso, la película de Docter parece tener toda la intención de elevar el lenguaje de PIXAR — ya de por si muy acabado y minucioso — a un nuevo nivel de sobriedad, simbolismo y poder. Es quizás, la producción más poderosa del año y una de las que recordaremos en la próxima década. La esperanza encarnada en medio de un año de incertidumbres. 

Borat Subsequent Moviefilm de Jason Woliner.

El periodista kazajo más conocido del planeta volvió. Y lo hizo a su manera: de forma abrupta, sin que nadie sospechara su regreso y cargado de controversia. El estrambótico personaje de Sacha Baron Cohen que tomó por asalto las pantallas de cine en el 2006, encontró el momento ideal para volver a recorrer las calles de EEUU en el 2020. En un año con una angustiosa carga de incertidumbre, bruscos cambios y un debate político candente, Borat se convirtió en el imprevisible símbolo de una serie de cuestionamientos necesarios sobre la incertidumbre. 

La película conserva el mismo estilo inquieto y frenético de la anterior y acentúa la sátira burlona sobre el lado oscuro del estilo de vida estadounidense. Cargada de situaciones hilarantes, incómodas y algunas polémicas — nadie volverá a mirar a Rudy Giuliani de la misma manera — Borat es un recuerdo del motivo por el cual, el cine moderno consume los símbolos culturales a una velocidad de vértigo. Filmada de manera secreta durante la pandemia y vendida en una cifra récord a la plataforma por suscripción streaming Amazon Prime Video, esta película es también todos los temores y dolores de una sociedad ambigua, mostrados con una especial crudeza y en toda su ridícula ingenuidad. Quizás, su mayor triunfo. 

Mank de David Fincher.

Antes de su estreno, se le llamó una obra de arte y sin duda, la mejor película de un año con pocas obras de semejante categoría. Después, hubo debate sobre su pertinencia, lo que parece ser un argumento desordenado y su enfoque en el mundo del cine desde un ángulo exclusivo, para conocedores familiarizados con sus rudimentos. 

También se debatió que Fincher había dirigido su película visualmente más ambiciosa, sólo para sostenerla sobre el blando guion firmado por su difunto padre, Jack Fincher. La crítica especializada se dividió, el público se enfrentó en largas discusiones e incluso, algunas figuras de Hollywood tuvieron algunos comentarios para el argumento, tramposo, elegante y en extremo sutil. En lo que todos estuvieron de acuerdo, es que Mank es una película de envergadura, complicada, sin concesiones. En especial, una que reta a los cinéfilos a un conocimiento mucho más profundo sobre las entrañas del cine como espectáculo y negocio. 

Pero más allá de eso, Mank es un diminuto debate sobre la codicia, la pérdida de la inocencia y la ruptura de un tipo de percepción sobre el arte, más cercana a una opulenta comercialización que a una comprensión estética del tema. No es una película sencilla ni está destinada a serlo. Lo que sí será con toda seguridad, es la apuesta de Netflix en la temporada de premios y quizás, una colección de nominaciones que le lleven finalmente, a levantar un Oscar a la mejor película del año. 

El Hoyo de Galder Gaztelu-Urrutia: 

Enigmática, existencialista y filosófica, esta película sorprendió por su puesta en escena de una historia en la que priman la codicia, el miedo, la necesidad de supervivencia y la búsqueda de la identidad, todo aderezado con un escenario distópico en el que nada parece muy claro. La obra de Gaztelu-Urrutia obligó a cinéfilos de todo el mundo a debatir un final con aires de obra trágica, pero que también, englobó el centro motor de la trama: la necesidad de encontrar un sentido a la voracidad y la salvaje conciencia sobre la existencia que el guion muestra desde sus primeras escenas. 

La premisa que sostiene El Hoyo no aclara lo que ocurre en esta ¿cárcel? ¿manicomio? ¿lugar de confinamiento? ¿centro educativo? No lo hace, por la necesidad del argumento de retar al espectador a llegar a sus propias conclusiones, batallar como puede con la repugnancia y el miedo y al final, la inevitable compasión por sus personajes. Los niveles de horror aumentan — y lo decimos en forma literal — a medida que el tiempo y el miedo transcurren, entre capas sobrepuestas de simbología y búsqueda de significado. Sin duda, la alegoría más directa — e involuntaria — al 2020 de todo el repertorio cinematográfico del año. 

Written by Aglaia Berlutti
Aglaia Berlutti es abogada, fotógrafa y escritora, ha dedicado buena parte de su trabajo profesional en ambas disciplinas a la profundizar en la iconografía femenina, con especial énfasis en la mujer que crea y la divinidad femenina. Actualmente se desempeña como profesora de Autorretrato, fotografía en Film e historia de la fotografía en Venezuela en la Escuela Foto Arte, fotógrafa independiente y editora en la revista dedicada a la temática del horror Penumbria de México. Profile

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