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Fundación: lo que todos los fanáticos de Asimov deseábamos ver.

La más reciente producción de Apple TV + es una combinación de lo mejor de la ciencia ficción, pero también, la sensibilidad...

Written by Aglaia Berlutti · 5 min read >

La serie Fundación, basada en la clásica saga de Isaac Asimov, sorprende por su capacidad para hilvanar con cuidados hilos de información con aparente soltura. Pero en lugar de crear una mirada enrevesada a un universo complejo, lo lleva al plano humano, tal y como el escritor quizás lo habría deseado. La más reciente producción de Apple TV + es una combinación de lo mejor de la ciencia ficción, pero también, la sensibilidad de Isaac Asimov. Y el resultado es inmejorable. 

El Científico húngaro Zoltán Galántai teorizó durante buena parte de su vida sobre la posibilidad que cualquier inteligencia extraterrestre, sea por completo inexplicable para nuestra percepción del hombre y por el hombre. Una y otra vez Galántai asumió el hecho de la existencia — la versión del bien y del mal, la incertidumbre de lo desconocido y sobre todo, la concepción sobre la identidad — como una serie de elementos angulares hipotéticos que se basan en la percepción del hombre sobre lo que le rodea. O lo que es lo mismo, el hecho de especular sobre todo tipo de posibilidades y razones, más allá del tiempo y la creación del futuro a partir de teoremas más o menos lógicos. En resumen, somos lo que imaginamos y más allá de eso, lo que podemos concebir de manera coherente como percepción de nuestro entorno. Una mirada hacia lo imposible y lo indefinible basada en nuestra imaginación y nuestro intento por explicar lo inefable. Una forma de magia, quizás.

Lo mismo pensaba Arthur C. Clarke, que insistió en sus célebres leyes que una tecnología muy avanzada es indistinguible de la magia. Pero a la vez, Clarke meditó sobre el hecho que el hombre asume la realidad desde sus cuestionamientos y disquisiciones más primitivas, por lo que en esencia, elaboramos ideas complejas a partir de lo que comprendemos como realidad. Tal y como insistía el gran filósofo ocultismo Robert Fludd, la imagen del infinito y el vacío insistente es la mera ausencia de cualquier idea que pueda conceptualizar la realidad. Fludd también insistió que incluso, fenómenos físicos y naturales por completo medibles, pueden analizarse desde cierta óptica de la maravilla.

Isaac Asimov también lo creía. En su colosal Saga Fundaciones (que nació como una trilogía y terminó extendiéndose como una gran nomenclatura fantástica a través de toda su obra) el autor imaginó a la Galaxia como una especie de terreno inexplorado, a mitad de camino entre el asombro mágico y la anuencia de lo ponderable como científico a través de la curiosidad humana. En los mundos de Asimov, la belleza se asimila a través de la tecnología y de la misma manera que para el astrofísico ruso Nikolái Kardashov — que creó la famosa “escala de Kardashov” como método para medir el grado de evolución tecnológica de una civilización — asume el hecho de la mirada hacia el infinito — lo que somos y lo que deseamos — como parte de la interpretación fáctica de la identidad colectiva. 

Para Asimov, la “psicohistoria” es una percepción sobre la realidad que va desde la tecnología al tiempo, la percepción sobre el devenir de la historia y la osadía de la imaginación. Por tanto y según la perspectiva de Asimov, el comportamiento de lo que somos y deseamos ser como cultura y sociedad puede ser predecible, lo que convierte a la Ciencia Ficción en un manifiesto extraordinario y de un enorme valor como documento intelectual.

La adaptación de la saga producida por Apple TV +, conserva no sólo el sentido de la maravilla que Isaac Asimov imprimió a su historia. También agrega una concepción poderosa sobre el tiempo, la trascendencia y el conocimiento que resulta conmovedor. Pero también y como toda serie de ciencia ficción que se precie, tiene un considerable interés en la forma en que la tecnología puede influir en la vida del hombre y en el futuro. Es ese punto en particular, que la serie hace una conexión extraordinaria entre la versión de Arthur C. Clarke y la de Asimov. 

La serie, que tenía el curioso compromiso de analizar una vastísima colección de conceptos y de mundos imaginados por el escritor, logra hacerlo hasta crear una percepción de un todo global en pleno crecimiento. Se trata de algo más elaborado que la mera idea de mostrar los escenarios de las novelas o detallar punto a punto, sus analogías e hipótesis. Fundación crea y construye la percepción del tiempo que transcurre como una aseveración completa y fecunda sobre la identidad humana en transformación. A la vez, se cuestiona el sentido de lo tecnológico en varios aspectos distintos. 

El resultado es una mezcla precisa entre lo humano — un ingrediente esencial para analizar la ciencia ficción desde el punto de vista de Asimov — y también, un tipo de visión sobre el futuro de una belleza que resulta deslumbrante. Por momentos extravagante, la visión de Fundación sobre la obra origen parece exceder sus parámetros esenciales. Pero aun así, respeta lo suficiente la raíz del clásico literario del que procede para crear algo más complejo. 

La historia central de la serie es la misma que la larga historia imaginada por Asimov y que comenzó en 1940: Hari Seldon (Jared Harris), es un “psicohistoriador” que usará los datos sociales y culturales colectivos para predecir, a base de sistemas y teoremas matemáticos el futuro. Por supuesto, una empresa semejante conlleva un riesgo: que la predicción no sea del agrado del poder. Y es precisamente eso lo que ocurrirá: Seldon termina por predecir con exactitud escalofriante el colapso y caída del Imperio, a través de una larga sucesión de ciclos exactos que resultan inevitables. Convertido en un peligro para no sólo para los gobernantes sino para la estabilidad misma del sistema de poder, Seldon y sus seguidores son obligados a permanecer en un ostracismo casi monacal, que tiene mucho de anuncio sobre una mirada paranoica sobre los peligros de la ciencia y en especial, la forma en que se analiza su repercusión al futuro.

Por supuesto, se trata de un acento sobre el temor a lo científico que resulta en la actualidad, más que actual y sobre todo, un reflejo de lo que está ocurriendo en un mundo en que los grandes descubrimientos de la ciencia intentan ser cuestionados mediante lo místico o el miedo. Seldon bien podría ser un símbolo de la ciencia actual, enfrentada a los terraplanistas y antivacunas en una discusión colectiva temible por sus consecuencias. 

De hecho, la referencia se hace más evidente a medida que la serie profundiza en su premisa, Gaal Dornick (Lou Llobell), es la encarnación del rechazo a lo científico y la forma en que el miedo al conocimiento puede transformarse en una transgresión violenta. De hecho, varios de los mejores momentos de la serie, son los que permiten analizar la noción sobre la ciencia convertida en un hecho proscrito. De hecho, Harris interpreta a Seldon (que en los libros es un profeta desarraigado que aparecerá a lo largo de todos los relatos como una presencia aleccionadora), con toda una dignidad solemne y rota muy cercana al martirio. 

Por supuesto, el guionista David S. Goyer, necesita reconstruir el material para un nuevo público. Por lo que algunos personajes cambian de género, hay muchas más intrigas de poder de las que Asimov pareció interesado en sus primeros libros y también, la figura de El Emperador Cleon se hace más importante y primordial. 

Para buena parte de los fanáticos de la saga literaria, quizás la forma de narrar la historia de Goyer puede parecer un poco apresurada. Pero en realidad, la serie está estableciendo un escenario galáctico con una buena cantidad de datos que más adelante serán desarrollados y reconstruidos para crear un escenario cada vez más duro acerca de la ciencia, la fe, la superstición y el poder de la naturaleza humana. Por ahora, Fundación acaba de comenzar su largo trayecto hacia algo más grande y poderoso. Y lo ha comenzado bien. 

Written by Aglaia Berlutti
Aglaia Berlutti es abogada, fotógrafa y escritora, ha dedicado buena parte de su trabajo profesional en ambas disciplinas a la profundizar en la iconografía femenina, con especial énfasis en la mujer que crea y la divinidad femenina. Actualmente se desempeña como profesora de Autorretrato, fotografía en Film e historia de la fotografía en Venezuela en la Escuela Foto Arte, fotógrafa independiente y editora en la revista dedicada a la temática del horror Penumbria de México. Profile

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