Cine y TV

Cowboy Bebop, anime y live action: una relación complicada.

Correcta, inteligente y sofisticada: hizo el buen intento de adaptar el llamado mejor anime de todos los tiempos, pero se queda a...

Written by Aglaia Berlutti · 4 min read >

Correcta, inteligente y sofisticada: la versión live action de Cowboy Bebop hizo el buen intento de adaptar el llamado mejor anime de todos los tiempos. Pero a pesar de sus buenas intenciones, no tiene sencillo trasladar el sofisticado neo noir del original hacia nuevos extremos. Con su ritmo apresurado, atención al detalle, pero en especial, una mirada deslucida al fenómeno original, la serie de Netflix se queda a mitad de camino entre buenas intenciones y algo más endeble. 

La primera pregunta que todo fanático se hace sobre el live action de Cowboy Bebop de Netflix, es obvia. ¿La adaptación captar la magia de un anime cristalizado en un fenómeno pop?; no hay una respuesta sencilla para eso. De hecho, buena parte de las preguntas acerca del proyecto de Netflix, parecen estar relacionadas con la posibilidad de su mera existencia. ¿Era necesario adaptar un producto de por sí impecable con un argumento brillante a una versión reducida?

La producción del dúo de creadores Jeff Pinkner y André Nemec, tiene el reto de sobrellevar las dudas de los fanáticos, pero también, la firma de una producción convertida en ícono pop. Hacerlo, además, en parámetros distintos, además de para una audiencia preocupada por la integridad de una obra refinada y poderosa. El intento sin duda, es ambicioso. Una estratégica visión de Netflix sobre las posibilidades a futuro de reconstruir la idea de la incapacidad del anime para ser traducido a otros medios. 

¿Qué se le exige a la adaptación de un fenómeno pop? ¿Una reinvención, una copia, nuevas historias? Cowboy Bebop de Netflix es todo a la vez y quizás ese sea su mayor su mayor problema. La serie de diez capítulos, intenta adaptar la veintena del anime original y además, adecuar su complicada trama a un recorrido apresurado hacia algo incompleto aunque no del todo falta de valor. Lo que se lamenta de la versión de Netflix de Cowboy Bebop, es la oportunidad perdida de hacer algo más sustancioso, de evitar comparaciones y usar el rico universo de Shinichirô Watanabe en direcciones nuevas. A mitad de camino entre una copia blanda y un resumen a vuelo de pájaro de la obra origen, el live action cae por su propio peso en los momentos más bajos. 

 En contraste, los más inspirados son como pequeños puntos insulares en medio de algo más elaborado. Son inevitable las comparaciones entre el material de origen y su derivado, para bien o para mal. Cowboy Bebop de Netflix, procede de uno de los animes más influyentes de la historia. Uno que logró alcanzar condición de clásico por su formidable capacidad para crear un universo complejo, rico y adulto. De modo, que su versión live action, tiene el peso de llevar a cuestas una herencia de un ícono de la cultura pop. Desde su estreno en 1998, el recorrido de Spike Spiegel, Jet y Faye Valentine, se convirtió en algo más que una gran historia. También, en una poderosa versión acerca del bien y el mal moral, las encrucijadas emocionales y la subversión del concepto del héroe.

Una decisión controvertida y el motivo del desencanto colectivo 

Es probable que la versión live action nunca tuviera la oportunidad de agradar, deslumbrar o interesar a los fanáticos acérrimos de la obra de Shinichirô Watanabe. Después de todo, a veintitrés años de su estreno y con una indiscutible influencia en la ciencia ficción actual, Cowboy Bebop narra algo más que una ficción simbólica. También, es la demostración del punto más alto de un género que toma riesgos argumentales y de discurso. Con todo su poder para asombrar, el anime — con una película, videojuego y una versión mangas a cuestas — es algo más que una producción. Es una elaborada mezcla entre estilo visual, un soundtrack para la historia del género y un ejemplo formidable de ejecución.

¿Puede un live action alcanzar un punto semejante?; en este caso, se trata de una caída en los puntos comunes que suelen fallar en adaptaciones semejantes. La producción intenta ser fiel — quizás, de hecho, lo intenta demasiado — pero, además, va de un lado a otro sin orden ni concierto a través de una enrevesada historia que no logra resumir o al menos, homenajear tal y como lo intenta. Hay un esfuerzo evidente y meditado por traducir toda la fascinante y densa mitología del anime a la pantalla chica. Y aunque no siempre lo logra, si capta la esencia de Cowboy Bebop de Shinichiro Watanabe.

Pero hacerlo a medias, no es suficiente. Y es probable que, por ese motivo, los fanáticos sean exigentes en cuanto a la densidad y el detalle del producto en pantalla. Hablamos de un anime fundacional. Uno que mezcló con éxito varios géneros y logró salir airosa. Uno que sustentó una nueva generación de historias y tiene una influencia considerable en la ciencia ficción actual, tanto animada como en pantalla grande y chica. De modo que el mero intento sabe a poco, es una correlación incompleta e insatisfactoria sobre un producto mayor, mucho mejor y con una solidez superior. El vibrante apartado visual está ahí, también el despliegue de recursos de guion para narrar una historia compleja. La música que envuelve cada escena, puntualiza sus momentos más emocionantes y duros. 

Pero la versión de Netflix es un repaso a los capítulos clásicos y una síntesis de sus mejores momentos. El recorrido tiene la capacidad de mostrar hasta qué punto, el mundo imaginado por Shinichiro Watanabe, es capaz de desdoblarse en varios niveles distintos. Pero no logra que esa mirada sea algo más que una serie de momentos emblemáticos. No se trata de una copia, una recreación, sino de un homenaje irregular con puntos extraordinarios y otros, definitivamente pobres.

Por supuesto, el live action de Cowboy Bebop no puede competir con la fastuosa banda sonora de la original. Y no lo intenta: en realidad, construye una versión alternativa que, aunque hace extrañar la del anime, cumple con su propósito. La música está en todas partes, se enreda en las coloridas escenas e irradia dinamismo en todas sus formas de comprender su importancia. A la vez, la puesta en escena, se toma una buena cantidad y esfuerzo en recrear el cómic sin imitarlo. La combinación de ambas cosas, crea una fundamental visión sobre Cowboy Bebop — como fenómeno — que se agradece y que, sin duda, es su punto más poderoso.

Para la escena final, con el equipo ya completo y lo que parece el anuncio de una continuación, Cowboy Bebop cumplió su cometido o intentó hacerlo. También, abrió la puerta para seguir relatando historias. Y con Shinichiro Watanabe, con toda seguridad tendremos más aventuras de los cazarrecompensas en el futuro. Pero la pregunta continúa siendo incómoda ¿puede hacerlo? ¿hay necesidad de hacerlo? Para los fanáticos, la respuesta es una. Y no es del todo favorable para la producción de Netflix. 

Written by Aglaia Berlutti
Aglaia Berlutti es abogada, fotógrafa y escritora, ha dedicado buena parte de su trabajo profesional en ambas disciplinas a la profundizar en la iconografía femenina, con especial énfasis en la mujer que crea y la divinidad femenina. Actualmente se desempeña como profesora de Autorretrato, fotografía en Film e historia de la fotografía en Venezuela en la Escuela Foto Arte, fotógrafa independiente y editora en la revista dedicada a la temática del horror Penumbria de México. Profile

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