El punto óptimo de la innovación.

El primer automóvil eléctrico no fue el Tesla, sino el EV1 de General Motors, lanzado en 1996 y sacado de circulación apenas cuatro años después.

El primer automóvil eléctrico no fue el Tesla, sino el EV1 de General Motors, lanzado en 1996 y sacado de circulación apenas cuatro años después de solo haber vendido un poco más de 1.000 unidades en total. Su problema: solo se vendía en California y Arizona porque en ese entonces los climas muy fríos le hacían daño a la batería y al desempeño del vehículo. Además, no se ofrecía a la venta sino solamente se podía hacer lease por 500 dólares mensuales.

A simple vista uno pudiera decir que era innovador, pero no tuvo en cuenta las tres características que debe cumplir un producto o una idea para estar en el punto óptimo de la innovación: Deseabilidad, Factibilidad, Viabilidad.

-Una solución deseable, que el cliente necesite.
-Una solución factible, que sea posible hacerlo y que esté construída sobre las fortalezas de tus capacidades actuales.
-Una solución viable, que genere ganancias con un modelo de negocio sostenible en el tiempo.


Muchas veces se motiva a pensar “fuera de la caja” y no se toma en cuenta ninguno de estos elementos y se crea un producto que la mayoría de las veces falla. Un ejemplo que recordamos los que estudiamos también la cultura pop es el famoso “coche de Homero” (Simpson). En un episodio de 1991, Homero es contratado por una empresa de automóviles para diseñar un carro “al gusto del consumidor promedio” (el), y por supuesto que fue un fiasco. “The Homer” era más grande, consumía más gasolina y tenía mas detalles sin sentido que cualquier otro vehículo, y se vendía por 82.000 dólares. Obviamente Homero no pensó en nada más que su gusto personal, como hacemos todos los consumidores.


¿Cómo es entonces que puedes llegar al punto óptimo de la innovación? No es un proceso sencillo, requiere mucho análisis además de creatividad. 

Pero lo más importante, es pensar en la innovación como un proceso constante, y les comparto cinco tips que debes convertir en costumbres si quieres ser de los que realmente son innovadores.

1.- Define tu problema con mucho cuidado. Mucho más importante que la solución a un problema, es entender cuál es el problema, por qué pasa, cuáles otras soluciones han fallado. Como en cualquier otro proceso de diseño, mientras más acotado esté el problema, más sencillo será solucionarlo. 

Al final, si tienes una hora para ser innovador, invierte 55 minutos definiendo el problema y cinco minutos encontrando la solución.

2.- Acepta la incertidumbre. Cuando estamos construyendo el camino hacia la innovación. siempre hay una pieza que hace falta…hasta que no hace falta más. A veces el mercado no está listo para tu gran idea, a veces no hay quien pague por ella. Probablemente no exista una pieza de la tecnología que necesitas para hacerla funcionar. Es muy importante entender eso y diseñar una hoja de ruta para hacer tu idea realidad. 

A mediados de los 90’s, tuve la idea de venderle a la gente contenido digital para sus sitios web, sus compañías, sus blogs corporativos. El tema es que en ese momento pocas personas tenían un sitio web, menos sabían lo que era un modem, éramos pocos los conectados a Internet comercial y por supuesto no existían las redes sociales como las conocemos hoy. 

Dividí el problema en varias partes, y comencé por ofrecer páginas web a empresas, luego les ofrecí hacerles mantenimiento de su contenido (desde guías de “hágalo usted mismo” para Construcentro, hasta artículos sobre la “psicología del color” para Pinturas y Tiendas Montana). Luego daba charlas de cómo hacer tu propio blog, y al final fundé una agencia que ofrecía mi idea original a través de redes sociales, que eran usadas por muchos como un chat.

No solo esperes que haya la tecnología o que sea el momento, construye tu ese momento y si es posible, esa tecnología.

3.- Invierte tiempo en innovar. Mejorar, renovar y hasta crear nuevas ideas y procesos para llevar adelante tecnologías ya existentes es algo vital para crecer y sobrevivir. Google pide a sus empleados usar el 20% de su tiempo en inventar nuevas ideas o mejorar procesos existentes. En mi caso y el de la agencia que fundé en Caracas, mi idea desde el principio fue innovar por adición, (añadiendo siempre algo nuevo, un servicio nuevo y buscado por los clientes), aunque como vimos en el ejemplo anterior, partimos en innovar por sustracción: tenía en mente la idea completa pero como no era posible arrancar con todas las piezas, busqué la idea mínima posible y de allí comenzamos.

4.- Salte de tu silo y deja entrar voces fuera de él. La innovación no sucede en aislamiento, así que dedica tiempo a ver qué está pasando alrededor, que hacen otros, incluso empresas que no son de tu misma área. Si te dedicas exclusivamente a pensar en tu idea corres el riesgo de tener visión de túnel. Si puedes, viaja, exponte a otra gente, otras culturas, incluso distintos platos cada vez que comas en un sitio nuevo. Muchas veces la innovación viene de la colaboración…con otros, por supuesto.

La innovación, como mencioné al principio, es el resultado del trabajo duro y a largo plazo, desarrollar y hasta desechar ideas, y por supuesto perseverar. Tomando en cuenta estos puntos (y los que tu mismo hayas desarrollado en el tiempo) pueden hacer que tu gran idea se haga realidad y de paso sea un éxito.

¿Te llama la atención la innovación? ¿Conocías el punto óptimo para la innovación? Cuéntame haciendo reply a este post o escríbeme a guillermo@elmodulor.com

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Guillermo Amador

Guillermo es Arquitecto, Marketero, Podcaster. También es Masterchef de su casa. En sus ratos libres...ah no, eso no tiene.

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