Tokyo Vice: el mal moderno con un rostro sofisticado

Tokyo Vice es más que una mirada analítica sobre el mal moderno. Es en realidad, un recorrido estructurado y bien pensado acerca de las formas en que lo contemporáneo percibe la transgresión.

La serie Miami Vice de NBC fue un suceso inmediato. Uno, que no sólo convirtió a la ciudad de Miami en punto de discusión de la cultura pop, sino que demostró la capacidad del productor Michael Mann y el productor Anthony Yerkovich, para narrar historias con un subtexto denso y complicado. La historia de Sonny Crockett (Don Johnson) y Ricardo Tubbs (Philip Michael Thomas) cambió el sentido de los policiacos de la época y además, dotó a los procedimentales autoconclusivos de una considerable personalidad. En la ficción, ambos policías luchan contra el mundo criminal creado por el narcotráfico, pero también, con las graduaciones de la moral bajo el aspecto de lo legal. El resultado fue un argumento elaborado, bien construido y brillante, que narró con cuidado las intrincadas conexiones entre la violencia y la identidad de Miami, como centro motor de un submundo inquietante. 

Quizás por el eso, el anuncio del estreno de la producción Tokyo Vice, también producida por Mann y ambientada en el mundo criminal, levantó la sospecha que podría tratarse de un revival del suceso generacional de Miami Vice. O al menos, una heredera emocional de la premisa, que logró reconstruir la noción sobre la acción, la ultraviolencia y el análisis sobre la ética policial desde una perspectiva novedosa. No obstante, la serie no tiene relación con uno de los éxitos más conocidos de Mann. O quizás sí, en la media que demuestra su evolución y madurez total como narrador. 

Tokyo Vice es más que una mirada analítica sobre el mal moderno. Es en realidad, un recorrido estructurado y bien pensado acerca de las formas en que lo contemporáneo percibe la transgresión. Para bien o mal, Mann parece haber analizado las transposiciones de lo maligno, lo ilegal y el mundo corrompido por la influencia del delito. Hacerlo a través de la perspectiva de una transformación total, elaborada y consciente sobre cómo el peso inquietante de la oscuridad y el miedo, afecta la connotación de lo correcto o al menos, lo moralmente admisible. 

Con su aire rupturista, alejado de otros dramas de acción en los que el bien y el mal definen los extremos, Tokyo Vice es una red complicada de cuestionamientos intelectuales profundos. A la vez, es un recorrido incómodo por la manera en que se profundiza en la condición de la moral. “¿Somos totalmente buenos solo porque nadie sabe el mal que podemos infligir?” pregunta uno de los personajes en un momento en especial tenso. La pregunta flota en medio de una Tokyo brillante, con tecnología futurista y en medio de los fulgurantes años posteriores a la llegada del milenio. Un paisaje brillante que esconde una oscuridad de pesadilla. 

Un relato a dos voces 

Tokyo Vice es la adaptación del libro del mismo nombre del periodista Jake Adelstein publicado en el 2009. Para su versión en la serie (interpretada por Ansel Elgort) Adelstein se transforma en un periodista con la ambiciosa intención de narrar todo lo que acontece en el mundo criminal de Japón. Hacerlo, además, en primera persona y bajo el auspicio violento de una red interconectada de contactos que se enlazan para sostener una versión oscura, peligrosa y decadente de Tokio. 

Al menos en sus primeros capítulos, la serie tiene una relación evidente con el texto real de Adelstein y conserva mucho de su sentido de la curiosidad y la intrépida necesidad de investigación. También es un relato de enorme interés para comprender las relaciones de poder ilícitas entre la Yakuza y otras organizaciones criminales. Para el verdadero Adelstein se trató de un bautizo de fuego. Con apenas 24 años, el periodista comenzó su prolongada investigación en 1993 y la continuó a lo largo de doce años. Poco a poco, lo que comenzó como un análisis a distancia sobre el mundo criminal asiático, se convirtió en algo más complejo. La serie analiza la percepción de esa juventud idealista y a la vez, el hecho que Adelstein desea comprender el sentido de lo noticioso desde su origen. Pero esta no es una historia acerca del valor de la información y de inmediato, el argumento lo deja claro. En realidad, más allá de los esfuerzos de Jake por entender el trasfondo de una sociedad criminal que subyace bajo la cultura nipona, está la cuestión de la violencia. Una profunda, sin matices y cada vez más perversa de la que el periodista apenas puede ver las primeras insinuaciones.

Mann elabora un sentido de la justicia frágil, sobre todo porque Elgort desarrolla el personaje de Jake desde la percepción de su falibilidad. No hay nada sencillo en la condición de extranjero de este hombre joven, que debe lidiar con el trasfondo cultural, el choque social inevitable y también, con la conjunción de una serie de valores que no comprende del todo. El actor, lucha contra el sentido de la desesperanza de un personaje que, por momentos, parece abandonado en medio de una estructura más amplia y temible. Pero también, con una voracidad peligrosa por comprender lo que parece ocurre en el Tokio secreto que pocas personas pueden profundizar.

Y una de ellas, es Hiroto Katagiri (Ken Watanabe), un detective de la polícia de la ciudad que termina por convertirse en su informante. Es el personaje de Watanabe, el que permite la conexión directa con la cultura japonesa, aplastada bajo una asfixiante losa cultural y a la vez, reconvertida en terreno fértil para un tipo de crimen que prospera bajo el secreto. La química entre ambos actores es considerable y a la vez, permite que su extraña sociedad sea más creíble de lo que el guion permite. Es de hecho, esa cualidad de compañeros en medio de lo tenebroso, lo que convierte al dúo en una pareja tan efectiva a nivel argumental como lo fue en su momento Crockett y Tubbs. 

Para el final de su segundo capítulo, es evidente que la serie explorará en el mapa misterioso y sangriento que se esconde bajo la radiante belleza de Tokio. Y también, que tanto Adelstein como Kataragi, lidiarán con el hecho de ser testigos de excepción de ese misterioso reconvertido en amenaza. Mann, de nuevo encontró el sentido de lo extraño, lo dinámico y lo siniestro, bajo una ciudad que bulle de vitalidad y peligrosas tentaciones. También, la red inquietante de violencia que espera bajo las luces y las calles impolutas. Una combinación que hace de Tokyo Vice una mezcla acertada de una historia sobre el bien y otra, más sutil y sofisticada, sobre la avaricia intelectual contemporánea. 

Aglaia Berlutti

Aglaia Berlutti es abogada, fotógrafa y escritora, ha dedicado buena parte de su trabajo profesional en ambas disciplinas a la profundizar en la iconografía femenina, con especial énfasis en la mujer que crea y la divinidad femenina. Actualmente se desempeña como profesora de Autorretrato, fotografía en Film e historia de la fotografía en Venezuela en la Escuela Foto Arte, fotógrafa independiente y editora en la revista dedicada a la temática del horror Penumbria de México.

Add comment

Follow us

Don't be shy, get in touch. We love meeting interesting people and making new friends.

Most popular

Most discussed