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Stranger Things: regreso a los grandes momentos de una serie icónica 

Stranger Things regresa y muestra una evolución evidente. Pero más que eso, analiza la idea sobre su importancia en la historia del...

Written by Aglaia Berlutti · 4 min read >

Stranger Things regresa y muestra una evolución evidente. Pero más que eso, analiza la idea sobre su importancia en la historia del streaming desde un punto de vista complicado. La nueva temporada, es no sólo la más ambiciosa, sino la que intentará desentrañar todos los misterios de su vasta mitología. Como si eso fuera suficiente, es el paso definitivo de sus emblemáticos personajes hacia una juventud, que la audiencia les vio atravesar en pantalla. El resultado es una historia en transición o mejor dicho, en plena maduración, hacia lugares desconocidos. 

La cuarta temporada de Stranger Things es toda una rareza. Es la más larga hasta ahora, con capítulos de mayor duración y también, la primera en dividirse en dos partes. También es la primera en mostrar la adolescencia primaveral de su elenco y el primero paso del programa por abandonar los límites de Hawkins. El resultado, es una curiosa mezcla entre la expectativa y también, la maravilla sobre lo que puede resultar — o no — un tránsito hacia una narrativa más adulta, condensada y menos vinculada a la idea de construir un dilema a través de la nostalgia. Los nuevos capítulos de la serie insigne de Netflix, son en realidad, la definitiva llegada de la madurez y la pérdida de la inocencia de una premisa que tardó demasiado en hacerlo.

Por supuesto, está el hecho que el programa pase buena parte de sus capítulos fuera de Hawkins. Finalmente, la serie se expande en direcciones distintas y analiza la cualidad de su historia no sólo desde una fórmula referencial inmediata. Menos caja melancólica de recuerdos y mucho más, un experimento visual y argumental a toda regla, la cuarta temporada de Stranger Things es una rara mezcla entre los mejores puntos de la segunda (que incluyó la exploración concienzuda del Otro lado), con la idea más amplia y sensible sobre sus personajes de la tercera. 

El resultado entre ambas cosas es una mirada nueva sobre una historia conocida. El misterio de temporada está ahí (y también, el monstruo inevitable), pero el real interés del argumento es la mirada sobre sus personajes. Con un grupo de Hawkins y otro en California, ya la serie no depende — no del todo — de su grupo entrañable. Tampoco de Eleven (Millie Bobby Brown) y sus poderes. Esta vez, la temporada se centra en todos como conjunto, en el poder del misterio que vive al fondo de un Hawkins que se prepara hacerse más presente y un menos un contexto simple.  

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, la serie, que atravesó un hiatus de tres años, tiene que enfrentar el paso del tiempo de forma imaginativa. Lo hace, en sus primeros capítulos, aunque todavía, la sensación que algo se pasa por alto — como por ejemplo, la estatura y corpulencia de sus personajes adolescentes — es muy evidente. Pero Stranger Things es consciente de los límites de su mundo y también, de la importancia y la cuestión esencial sobre su premisa. Las referencias cruzadas están de nuevo en el centro del guion pero en esta ocasión, deja atrás el aire de aventura generacional que se convirtió en su impronta. Ahora, Stranger Things apela a la imaginaria de Alien de Ridley Scott y Pesadilla en la calle del Infierno de Wes Craven. También, arma una versión sobre lo paranormal, que esta vez apela directamente no al Stephen King entusiasta e ingenioso de sus primeros libros, sino a su versión más lóbrega e inquietante. 

Una nueva mirada a una historia icónica 

Si algo sorprende en la cuarta temporada de Stranger Things es su madurez. El fenómeno de la serie insigne de Netflix creció y no sólo como proyecto — la inversión de dinero es bastante obvia — sino como una red de conexiones argumentales bien construidas. De recrear escenas clásicas de grandes franquicias o éxitos de taquilla amados por la cultura pop, Stranger Things parece haber encontrado su identidad. Algo que los hermanos Duffer acentúan en cada uno de sus prolongados relatos del pasado de sus personajes o del contexto que les rodea. 

Stranger Things regresa y esta, su cuarta temporada, es la más ambiciosa de todas.

La historia más complicada y en especial, el interés sobre los cambios intelectuales y emocionales de su elenco, evita que Stranger Things sea una repetición de la fórmula que la hizo famosa. Esa fue la crítica más insistente a la temporada tres y el temor más recurrente con respeto a sus nuevos capítulos. Pero al final, la serie parece comprender que su éxito depende del crecimiento de su contexto — y sus elementos esenciales — por lo que todo su elenco, se reformula como una idea que sostiene a parte de la enrevesada trama de temporada. La familia Byers formada por Joyce (Winona Ryder), Jonathan (Charlie Heaton) y Will (Noah Schnapp viven en California y lidian con el duelo, la angustia y por supuesto, con el misterio de Eleven, ahora una adolescente sin poderes y con notorios problemas de adaptación.

El resto del grupo permanece Hawkins y asombra como Mike (Finn Wolfhard) y Dustin (Gaten Matarazzo), ya no son solo reflejos de los movimientos internos del programa, sino puntos de interés en algo mayor. Ambos forman parte de un equipo de juego de rol de Calabozos y Dragones (de especial interés en la temporada), lo que brinda Eddie (Joseph Quinn), líder y voz cantante del salón y el grupo, un lugar preponderante en la trama. Y como suele ocurrir en la adolescencia, Lucas (Caleb McLaughlin) se encuentra ahora más interesado en ser un chico popular que resolver misterios imaginarios, lo que le aleja del grupo original. Esa pequeña ruptura, se explora con cuidado y paciencia en una trama que poco a poco se ensancha para mostrar que los desniveles de discurso y ritmo que tanto se criticó en la temporada previa, fueron corregidos en la actual. 

Y al final, los horrores 

Pero por supuesto, Stranger Things depende de sus misterios y esta vez el central, es mucho más complicado, elaborado y difícil de encajar en la mitología de la serie que ningún otro. Pero la serie lo intenta y es en los momentos en que olvida su condición de suceso iconico para volver a los espacios de la celebración de sus raíces como producción de terror, los más brillantes e inteligentes de una temporada desigual y que por incompleta, todavía carece de identidad.

¿A dónde conduce el final de temporada de esta Stranger Things que atraviesa su adolescencia? No está claro ni tampoco es evidente. Pero lo que sí es notorio es la intención de la serie de crecer, prosperar y romper sus propios límites. Algo que agradecer. 

Written by Aglaia Berlutti
Aglaia Berlutti es abogada, fotógrafa y escritora, ha dedicado buena parte de su trabajo profesional en ambas disciplinas a la profundizar en la iconografía femenina, con especial énfasis en la mujer que crea y la divinidad femenina. Actualmente se desempeña como profesora de Autorretrato, fotografía en Film e historia de la fotografía en Venezuela en la Escuela Foto Arte, fotógrafa independiente y editora en la revista dedicada a la temática del horror Penumbria de México. Profile

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