La última temporada de See de Apple TV + tiene un objetivo claro. Cerrar con propiedad una historia irregular que transitó varios escenarios distintos. Lo que comenzó como una épica distópica, termina como una mirada sensible sobre la esperanza. Entre ambas cosas, se esconde una celebración a la voluntad humana.
El primer capítulo de la última temporada de See de Apple Tv + comienza con una mirada borrosa a la violencia. De nuevo, Baba Voss (Jason Momoa), debe luchar para proteger a los suyos. La primera secuencia, de hecho, avanza sin preámbulos hacia esa premisa.
Las figuras se mueven en medio de una semi penumbra incómoda. Los tonos magentas y ocres de los vientos cargados de arena, acentúan la sensación de urgencia. Todo está construido para dejar claro, que hay nuevos espacios que conquistar y enemigos que esperan, en un mundo repleto de sombras.
La premisa de un futuro nacido a partir de la ceguera, siempre fue el elemento más llamativo de una de las primeras series de la plataforma. En su tercera temporada, ya la idea no es tan absoluta y la capacidad de ver se convierte en un arma.
En una herramienta que transforma enfrentar a la oscuridad en un rasgo de superioridad. Pero incluso en medio de una propuesta tan curiosa, la historia de la serie maduró sobre sus ideas esenciales. See, que comenzó su andadura a través del mundo de la ciencia ficción como una épica de considerable envergadura, llega a su final con humildad. No por falta de ideas que expresar o en cualquier caso, por profundizar. La serie encontró que, en realidad, la lucha por la supervivencia, tenía más relación con las intenciones más privadas de sus personajes.
Cuando los viejos mitos cobran poder y se convierten en un faro en la oscuridad
Baba Voss pasó de un líder iluminado a un padre con un propósito. Su tribu, a una familia numerosa, a las diferentes facetas del miedo y la esperanza. En conjunto, la historia encontró la forma de crecer y hacerse menos evidente al permitir a su premisa ser menos exagerada. En una sociedad de ciegos, la vista es un poder y una amenaza. Pero en un futuro que busca liberarse de la tiranía que nacen de las tinieblas, la voluntad por sobrevivir es todo.
La tercera temporada le encuentra, ahora, como un huraño líder herido por un crimen inevitable. Matar a su hermano Edo (Dave Bautista), no trajo la paz ni tampoco la libertad que suponía. De hecho, la nueva entrega muestra que para el personaje, el enfrentamiento dejó heridas indelebles. Una de ellas, la de saber que escondido en el bosque o al frente de un nuevo enfrentamiento con los que puede ver, la culpa es corrosiva.
Por supuesto, uno de los personajes centrales es Queen Kane, interpretada por Sylvia Hoeks. Cada vez más poderosa, el personaje apuntala al de Momoa para lograr un equilibrio entre una salvaje sensación de urgencia. Algo que See manejó de manera diestra durante toda su historia. Para la tercera temporada, la versión del bien y del mal, que simboliza a la asesina, se hace más potente. Más diestra, menos brutal. Un cambio de registro que por completo letal.
See creció lo suficiente en sus intenciones, para dejar claro que Baba Voss es un asesino, no importa lo necesario e inevitable que fuera enfrentar a Edo. La supremacía tiene un precio y buena parte de la tercera temporada, se trata sobre la decisión de buscar la libertad. Ahora sí, la verdadera, la que no dependa de esconder secretos preciados o guardar el tono del misterio para sobrevivir.
Pero See no deja de recordar que este es un mundo en que buena parte de sus habitantes se orientan a través de la intuición. Un año después de convertirse en líder indiscutible, Baba Voss regresa para afrontar las consecuencias de la muerte de Edo. ¿Puede ser respetado un líder por el mero hecho de matar a otro? La pregunta pende como hilo incómodo a dónde sea que el personaje intente huir. Mucho más complicado aún, le define y para la mitad de la temporada, es evidente que será el signo, como un Caín biblico que llevará a cuestas.
La lucha es inminente en un final complicado
See comienza con Baba Voss de regreso a la sociedad y el costo de eso, es una mezcla interna de objetivos. Además de la supremacía, el líder debe lidiar contra una amenaza nueva. Un científico trivantiano puede convertirse en el mundo de inflexión de una sociedad construida sobre años de olvido. El personaje, que con el transcurrir de las temporadas se convirtió en centro de interrogantes, ahora plantea una nueva. ¿Cómo combatir lo único que jamás conocerá? La vista, esa posesión valiosa, es, también, la condición que le separa de poder luchar tal y como necesita hacerlo.
¿La batalla contra qué? ¿Contra los enemigos invisibles que plantean una nueva forma de arrasar la vida humana?. ¿La necesaria comprensión que el paisaje de lo que le rodea es por completo nuevo. See regresa a su punto central para apuntalar la idea ingeniosa, pero irregular que convirtió a la serie en un pequeño fenómeno discreto. El futuro de seres mutilados que aprendieron que más allá de sus limitaciones habita un mar de habilidades, se renueva.
Lo logra con habilidad al poner a Baba Voss de nuevo en medio de una transformación. De cabeza visible de una tribu, a padre que esconde un secreto, asesino de su hermano y ahora, a cargo de salvar la esperanza. ¿Quién es la figura a la que su hermano Edo tachó de cobarde? ¿Quién es el hombre que venció la resistencia de volver a la civilización por un objetivo que le supera?
Al final, la fortaleza de los que miran desde el silencio
See siempre tuvo en cuenta que su principal fortaleza eran las transformaciones de una sociedad apocalíptica. Un argumento trillado que, sin duda, habría resultado tedioso de no evolucionar su premisa. La serie no experimentó con sus ideas para crear otras, quizás más complicadas o mayores. Y esa fidelidad a su núcleo, es lo que logra que su final sea una discreta celebración a la supervivencia.
Quizás, se trate de uno de los elementos más reconocibles de la producción. Esa falta de artificio para narrar la lucha por sobrevivir, en un mar de penumbras, en medio del miedo y la búsqueda de un objetivo. See logra hacerlo con una elegancia que se agradece y también, a una conclusión casi satisfactoria en su lógica. Una despedida a una narración sobria que nunca perdió su sentido de la identidad en medio de los constantes cambios que debió padecer para crecer.
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