The Peripheral, la serie que adapta el libro de William Gibson del mismo nombre, es una curiosa combinación de distopía, cyberpunk y miedo al futuro. Todo, bajo el atractivo cristal de una historia tramposa que guarda sus mejores secretos para el final.
La serie The Peripheral de Prime Video comienza con una premisa en apariencia, trillada. En un punto indeterminado del futuro, Flynne Fisher (Chloë Grace Moretz) es una chica corriente con grandes ambiciones. Vive en un pueblo destartalado de la Norteamérica profunda y lidia con lo que parece, la incertidumbre de la supervivencia. Pero, pronto descubre que sus habilidades para los juegos de azar y de habilidad son rentables.
Tanto, como para lograr, de una u otra manera, encontrarse en mitad de una situación impensable. La de poder influir sobre el tiempo, la condición de la vida tal y como la conocemos e incluso, una idea tan extraña como las probabilidades de lo real.
En una época llena de películas, series y libros obsesionados con viajes en el tiempo y multiversos alternativos, The Peripheral es una rareza. Aunque maneja los mismos temas, lo hace con una elaborada versión sobre la conciencia de lo que existe que sorprende por su peculiaridad.
El argumento imagina — reconstruye — la dimensión de lo tangible en una estratificación que incluye múltiples versiones de las posibilidades de lo real. La extraña premisa, por tanto, abarca no solo la idea de realidades que se construyen a través de la manipulación del tiempo. También, profundiza en la gran interrogante acerca de qué es el transcurrir cronológico en realidad. ¿La vida es un juego de probabilidades? ¿Uno tan complicado y enrevesado como para hacer duro y angustioso la idea del bien y del mal?
Controlar el tiempo, el futuro, la verdad y lo inalcanzable
En varias de las grandes escenas de The Peripheral, el futuro es un reto a comprender. Mucho más, cuando las visiones sobre el azar y la sustancia misma de la realidad queda en entredicho. Todos son temas comunes de la obra de William Gibson, escritor de la historia original y que se trasladan a la serie con eficacia.
No obstante, la visión de dos mundos en paralelo — una versión apocalíptica y siniestra de EEUU y una Londres colonizadora — tiene un punto amargo. Mejor dicho, una percepción sobre lo inestable que puede ser el tiempo y la percepción sobre el porvenir.
Pero como una buena historia de Gibson que es — y The Peripheral intenta recalcar el punto en cada oportunidad posible — , la serie es una obra críptica. Tanto, como para usar los singulares términos utilizados por el escritor en el libro original, sin brindar mayores explicaciones sobre su significado.
Una señal de la forma en que funcionará la trama a partir de su espléndido primero episodio. Algo está ocurriendo, en este mundo en que la pobreza y la sofisticada conexión con algo mayor, es evidente. No solamente a raíz de una percepción de una tragedia global que ocurrió, sino la sensación de tensión que el argumento maneja con habilidad.
¿Qué une y que separa a la Norteamérica profunda de una ciudad de Londres con señales de un cataclismo considerable? La serie no brinda respuestas de inmediato y juega con sus secretos con habilidad. En especial, cuando necesita que la realidad, quede entredicho. Al menos, la percepción inmediata sobre lo que podría o no ocurrir al borde de lo que se concibe como comprensible.
El juego de la vida y la muerte
Flynne, que durante los dos primeros capítulos deja claro tiene una sensibilidad especial para comprender patrones y simetrías, acepta trabajar en un simulador. En apariencia se trata solo de una proyección a una versión sobre el mundo levemente deformada. En cualquier caso, también podría ser un escenario en movimiento de una versión estructural sobre una historia que crear.
El personaje toma el reto con entusiasmo. Uno de los puntos altos de la serie, es la forma en que comienza a construir y proyectar la percepción sobre el reconocimiento de sus habilidades. Una celebridad menor en un mundo de observación y triunfos ficticios. Al regresar a “su realidad”, el personaje descubre que participar en la experiencia, también la hace objeto de recompensas. Una especie de aliciente para volver, a pesar de que descubre que hay un patrón angustioso que resolver.
Con un parecido más que evidente con la más reciente temporada de Westworld de HBO, la serie entonces analiza las habilidades del personaje desde un nuevo cariz. La mirada al Londres del juego, resulta evocadora, una especie de trozo de sustancia ambigua de la realidad, que no encaja en ninguna parte. Pero la revelación llega pronto: la simulación no se trata de una proyección. En realidad, Flynne construye el futuro, puede predecir su grado de influencia e interferir en cierta forma en lo que ocurrirá a continuación.
Los tránsitos dolorosos de la historia
Tanto en el libro como en la película, la premisa funciona en la medida en que Flynne lucha por entender los límites de la realidad. Los enlaza, sujeta, analiza. El futuro se crea a partir de sus decisiones y ella, desde la distancia de la observación, contempla la posibilidad de un tipo de poder inusitado.
Pero a medida que el argumento avanza, queda claro, que la idea de la gran simulación y sus interconexiones con la ambición y la codicia, falla en la serie. Ya sea porque la premisa de Gibson se diluye en la simplificación o porque, al final, el argumento toma elementos dispares de la obra de origen. The Peripheral acaba por caer en sus trampas más obvias y en dejar a un lado lo más sustancioso de su premisa, en virtud de persecuciones y el miedo.
Para sus últimos capítulos, The Peripheral perdió la capacidad de asombrar. Un punto en blanco que desmerece el cuidado trabajo de sus primeros episodios y en especial, la conjugación total y bien construida de su guion. Un camino incierto hacia un final tópico que la serie recorre entre tropiezos cada vez más evidentes y lamentables.
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