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Cobra Kai y el Product Market Fit.

Quiero hablarles de un concepto muy importante en el desarrollo de productos. Ya sea el nuevo iPhone, un servicio como Uber o...

Ricardo Roman Written by Ricardo Roman · 2 min read >

Quiero hablarles de un concepto muy importante en el desarrollo de productos. Ya sea el nuevo iPhone, un servicio como Uber o AirB&B o incluso un show en Netflix, son producidos con un comprador objetivo en mente. Esto hace que las características que vayan incluidas sean relevantes para el consumidor y más importante aún, les dice a los desarrolladores qué no debe ser parte del producto. Este foco ha sido realmente revolucionario en la forma en la que trabajan empresas de tecnología, contenido y hasta de alimentación.

Para este ejemplo quiero usar una serie que originalmente salió para YouTube Premium, pero que ahora está en Netflix. Después de meses de recomendaciones de varios amigos y twitteros (la apasionada recomendación de @cris7ian me terminó de convencer) me senté a ver Cobra Kai. No quiero hacer una reseña (ese es el espacio de Aglaia), pero para los que no tengan referencia del nombre, Cobra Kai era el Dojo de los malos en Karate Kid (1984). Un dojo dirigido por un tipo de mandíbula cuadrada y al que asistían solo niños ricos que le hacían bullying al resto de los estudiantes de la escuela. Los buenos en Karate Kid eran Daniel Larusso, un huérfano que vivía con su mamá en Reseda (la parte pobre de la ciudad) y el Sr. Miyagi, un japonés de Okinawa y ganador de la medalla de Honor en la Segunda Guerra Mundial.

Recuerdo que desde muy niño, veía esta película varias veces al año, siempre emocionado por la patada final que le daba la victoria al debilucho de Daniel San por sobre los matones de la escuela personificados por Johnny Lawrence. Como el niño debilucho de la escuela, siempre soñé con una patada mágica que hiciera que me dejaran tranquilo, hasta el punto de que por al menos 2 años estudié karate. Afortunadamente ahí aprendí que no es a través de los golpes que se solucionan las cosas.

Ahora, 30 años después de que yo la viera por primera vez y 35 desde que salió, nos encontramos con un Daniel Larusso exitoso, viviendo el American Dream (gran parte gracias a los aprendizajes de Miyagi Karate) y a Johnny como un handyman alcohólico que acaba de perder su empleo. Ahora es más difícil identificarse con Daniel plenamente o con Johnny, después de todo, no estamos ni tan bien pero tampoco estamos tan mal. Lo que sí tiene la serie es un pasillo directo con el “memory lane” y conexión con nuestros karate kids. Cada acción actual va acompañada de imágenes de la película de 1984 y es imposible no sentir nostalgia de aquellas tardes de domingo viendo tele con mi hermano. 

Todo ese sentimiento no es casual, los productores apuntaron casi con rayo láser a una demografía que había visto la película original y que ahora tiene TV por suscripción. En efecto, el hecho de que saliera originalmente en Youtube Red (ahora Youtube Premium) era un intento de acercar a una demografía específica que probablemente no se sintiera 100% en casa en Netflix, ustedes saben, los que pasan 10 a 15 minutos revisando el “home” a ver si consiguen algo que ver.

Como ya se pudieron haber dado cuenta, yo soy parte de esa demografía, y Cobra Kai no solo me encantó (más la primera temporada que la segunda) sino que me hizo sentir que era un producto desarrollado para que me gustara. Me ha pasado en algunas otras situaciones, desde carros (Mazda CX-30 estoy hablando de ti, dulzura), productos electrónicos a películas, y el sentimiento es siempre el mismo, como de una marea inexplicable que te arrastra a los mares del fanboyismo. Todo eso es gracias al Product Market Fit, dónde no gana el mejor o el más poderoso sino el que se adapta más a su mercado objetivo.

¿Les ha pasado alguna vez?

Written by Ricardo Roman
Ingeniero, business geek, migrante en la 1.0 y nativo digital. Papá y esposo de personas reales y vende en @FracttalApp. Profile

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