The Boys, final de temporada: paternidad, política y una sangrienta mirada al futuro

Si algo sorprendió en la tercera temporada de The Boys, es que la serie analizó el trasfondo de temas complejos como la paternidad y la política. Pero también, que llevara el comentario cultural a un estrato sangriento, cínico y subversivo desconocido. La serie se ha convertido en algo más que una provocación. Con su cierre, deja claro, que también es una confrontación a un ideal del bien que el argumento deja claro, dejó de existir. 

El final de temporada de The Boys sorprendió por varias razones distintas. No sólo trajo la muerte de uno de sus personajes principales. También, reveló el origen de otro y al final, las implicaciones de sus grandes dos temas centrales. La paternidad, que ha sido un tema de considerable interés en todo el programa, llega a la tercera sublimada y convertida en un propósito oscuro. 

A la vez, la versión depravada de los intereses políticos con que la serie jugó durante sus más recientes episodios, llega a un nuevo nivel. La mezcla de ambas cosas, permitió al argumento dar un giro vertiginoso hacia un nuevo sentido. Y en especial, en profundizar en planteamientos de origen que impulsan a la serie hacia lugares más maduros y desconocidos.

Hasta ahora, The Boys había sido un festival de salvaje polémica. Pero la temporada tres, tomó su capacidad para el absurdo y lo transformó en algo más complejo. También, construyó las bases para una futura historia en la que el sentido del horror basado en la subversión, sea más inquietante. Luego de tres temporadas en la que la controversia se basó en un espíritu cínico y en la ironía, The Boys llegó a una encrucijada. ¿Debía repetirse en la fórmula o innovar con algo más? La respuesta llegó con el final de la tercera temporada. 

The Boys, cuando el absurdo se convierte en un arma cultural 

The Boys, como propuesta, se encamina hacia algo más controvertido. Durante su primera temporada, cuestionó a la moral contemporánea. También a sus símbolos del bien y empujó a los superhéroes, emblemas tradicionales del establishment, hacia lugares oscuros. Para su segunda, el concepto evolucionó y exploró acerca de la influencia, el poder y la política. Todo, bajo la concepción de los miedos colectivos llevados a un nuevo nivel. 

Pero fue la tercera en que la serie encontró su narrativa de fondo y a la vez, un sentido del propósito más duro y elaborado. Con su énfasis en satirizar a sus personajes y convertirlos en espejos de una cultura de celebridades fatuas, la serie triunfó. Y en sus nuevos capítulos, profundizó en el hecho del poder y la política, como atributos de perversiones imposibles de clasificar a primera vista. La temporada se interesó de nuevo en como la popularidad artificial puede encubrir los más retorcidos secretos. Pero si antes los superhéroes habían sido celebridades convertidas en armas de manipulación, ahora son entes de poder autónomos.

El cambio sacudió por completo los cimientos del programa. Y además, acentuó el uso de los símbolos de poder públicos para avanzar en su ruptura subversiva con el optimismo artificial contemporáneo. Soldier Boy, la inquietante versión del impoluto Capitán América en el cómic, llegó para demostrar hasta que punto The Boys estaba dispuesto a confrontar. No sólo ideales (por necesidad), sino también la forma en que la cultura actual otorga relevancia a figuras en esencia nocivas y perjudiciales.

En su cierre de temporada, esa percepción es mucho más siniestra. Descubierto el secreto que el héroe original, es de hecho el padre biológico del homicida Homelander, The Boys da un viraje hacia una dirección aterradora. No sólo porque brinda al torcido superhéroe una justificación para su versión supremacista del poder. También, porque elabora una hipótesis sobre el mundo de la influencia definitiva. ¿Cómo enfrentar la idea del poderoso sin escrúpulos cuando eso convierte en parias a quien los hace? 

Al final, los terrores ocultos se revelan 

Con la muerte de Black Noir a manos de Homelander y la búsqueda de este último de un sentido del origen, la serie cambia de dirección de forma brusca. En especial, cuando pondera en la depravación del héroe corrompido desde un nuevo punto de vista. ¿Homelander tuvo la oportunidad alguna vez de ser algo más que la criatura despiadada que es? Probablemente no y ahora, su vínculo con Soldier Boy deja claro que Homelander es un mal menor. Uno conocido, evidente y en apariencia, que puede ser controlado a través de sus ambiciones. 

Pero Soldier Boy se erige entonces como algo más siniestro. Una amenaza a mediano plazo, que no se atiene al tiempo sino a sus objetivos particulares. El origen de todo mal es una percepción amplia sobre todos los espacios y lugares novedosos del varios planteamientos de la serie. Los superhéroes — en el mundo de la serie — nunca han sido formas de representación del bien. No fueron en medio de un confuso pasado de traiciones. No lo son en la actualidad, con los Siete convertidos en un grupo de crueldad apabullante. 

Para su temporada cuatro, The Boys probablemente mostrará el mundo detrás del bien artificial y prefabricado de Vaught. También, las consecuencias del descubrimiento de Homelander de su origen y como se comprende a través de eso. Una vuelta de tuerca hacia un laberinto aterrador en cuyo centro espere quizás, una sangrienta conclusión de una historia cada vez más siniestra y pendenciera. 

Aglaia Berlutti

Aglaia Berlutti es abogada, fotógrafa y escritora, ha dedicado buena parte de su trabajo profesional en ambas disciplinas a la profundizar en la iconografía femenina, con especial énfasis en la mujer que crea y la divinidad femenina. Actualmente se desempeña como profesora de Autorretrato, fotografía en Film e historia de la fotografía en Venezuela en la Escuela Foto Arte, fotógrafa independiente y editora en la revista dedicada a la temática del horror Penumbria de México.

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